LA BIBLIA CATÓLICA

LIBRO DE LOS SALMOS

 

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SALMO 101

Espejo de príncipes.

101, 1 De David. Salmo. Quiero cantar el amor y la justicia, para ti, Yahveh, salmodiaré;

101, 2 cursaré el camino de la perfección: ¿cuándo vendrás a mí?Procederé con corazón perfecto, dentro de mi casa;

101, 3 no pondré delante de mis ojos cosa villana.Detesto la conducta de los extraviados, no se me pegará;

101, 4 el corazón perverso está lejos de mí, no conozco al malvado.

101, 5 Al que infama a su prójimo en secreto, a ése le aniquilo; ojo altanero y corazón hinchado no los soporto.

101, 6 Mis ojos, en los fieles de la tierra, por que vivan conmigo; el que anda por el camino de la perfección será mi servidor.

101, 7 No mora dentro de mi casa el agente de engaño; el que dice mentiras no persiste delante de mis ojos.

101, 8 Cada mañana he de aniquilar a todos los impíos del país, para extirpar de la ciudad de Yahveh a todos los agentes de mal.

 

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SALMO 102

Oración en la desgracia.

102, 1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh.

102, 2 Yahveh, escucha mi oración, llegue hasta ti mi grito;

102, 3 no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme!

102, 4 Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero;

102, 5 trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan;

102, 6 ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado.

102, 7 Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas;

102, 8 insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado;

102, 9 me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre.

102, 10 El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas,

102, 11 ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado:

102, 12 mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno.

102, 13 Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad.

102, 14 Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora;

102, 15 que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas.

102, 16 Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

102, 17 cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria,

102, 18 volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará.

102, 19 Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh:

102, 20 que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra,

102, 21 para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte.

102, 22 Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh, y su alabanza en Jerusalén,

102, 23 cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahveh.

102, 24 El ha enervado mi fuerza en el camino, ha abreviado mis días.

102, 25 Digo: ¡Dios mío, en la mitad de mis días no me lleves! ¡De edad en edad duran tus años!

102, 26 Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son la obra de tus manos;

102, 27 ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan.

102, 28 Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años.

102, 29 Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y su estirpe ante ti subsistirá.

 

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SALMO 103

Dios es amor.

103, 1 De David. Bendice a Yahveh, alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre,

103, 2 bendice a Yahveh, alma mía, no olvides sus muchos beneficios.

103, 3 El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias,

103, 4 rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura,

103, 5 satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como el águila.

103, 6 Yahveh, el que hace obras de justicia, y otorga el derecho a todos los oprimidos,

103, 7 manifestó sus caminos a Moisés, a los hijos de Israel sus hazañas.

103, 8 Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor;

103, 9 no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor;

103, 10 no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.

103, 11 Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen;

103, 12 tan lejos como está el oriente del ocaso aleja él de nosotros nuestras rebeldías.

103, 13 Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen;

103, 14 que él sabe de qué estamos plasmados, se acuerda de que somos polvo.

103, 15 ¡El hombre! Como la hierba son sus días, como la flor del campo, así florece;

103, 16 pasa por él un soplo, y ya no existe, ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

103, 17 Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre para los que le temen, y su justicia para los hijos de sus hijos,

103, 18 para aquellos que guardan su alianza, y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

103, 19 Yahveh en los cielos asentó su trono, y su soberanía en todo señorea.

103, 20 Bendecid a Yahveh, ángeles suyos, héroes potentes, ejecutores de sus órdenes, en cuanto oís la voz de su palabra.

103, 21 Bendecid a Yahveh, todas sus huestes, servidores suyos, ejecutores de su voluntad.

103, 22 Bendecid a Yahveh, todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

 

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SALMO 104

Esplendores de la creación.

104, 1 ¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres!Vestido de esplendor y majestad,

104, 2 arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda,

104, 3 levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas;

104, 4 tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros.

104, 5 Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre jamás.

104, 6 Del océano, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persistían las aguas;

104, 7 al increparlas tú, emprenden la huida, se precipitan al oír tu trueno,

104, 8 y saltan por los montes, descienden por los valles, hasta el lugar que tú les asignaste;

104, 9 un término les pones que no crucen, por que no vuelvan a cubrir la tierra.

104, 10 Haces manar las fuentes en los valles, entre los montes se deslizan;

104, 11 a todas las bestias de los campos abrevan, en ellas su sed apagan los onagros;

104, 12 sobre ellas habitan las aves de los cielos, dejan oír su voz entre la fronda.

104, 13 De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tus obras se satura la tierra;

104, 14 la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan,

104, 15 y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.

104, 16 Se empapan bien los árboles de Yahveh, los cedros del Líbano que él plantó;

104, 17 allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa la cigüeña;

104, 18 los altos montes, para los rebecos, para los damanes, el cobijo de las rocas.

104, 19 Hizo la luna para marcar los tiempos, conoce el sol su ocaso;

104, 20 mandas tú las tinieblas, y es la noche, en ella rebullen todos los animales de la selva,

104, 21 los leoncillos rugen por la presa, y su alimento a Dios reclaman.

104, 22 Cuando el sol sale, se recogen, y van a echarse a sus guaridas;

104, 23 el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde.

104, 24 ¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh!Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra.

104, 25 Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños;

104, 26 por allí circulan los navíos, y Leviatán que tú formaste para jugar con él.

104, 27 Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento;

104, 28 tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes.

104, 29 Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan.

104, 30 Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.

104, 31 ¡Sea por siempre la gloria de Yahveh, en sus obras Yahveh se regocije!

104, 32 El que mira a la tierra y ella tiembla, toca los montes y echan humo.

104, 33 A Yahveh mientras viva he de cantar, mientras exista salmodiaré para mi Dios.

104, 34 ¡Oh, que mi poema le complazca!Yo en Yahveh tengo mi gozo.

104, 35 ¡Que se acaben los pecadores en la tierra, y ya no más existan los impíos! ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

 

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SALMO 105

La maravillosa historia de Israel.

105, 1 ¡Aleluya! ¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas!

105, 2 ¡Cantadle, salmodiad para él, sus maravillas todas recitad;

105, 3 gloriaos en su santo nombre, se alegre el corazón de los que buscan a Yahveh!

105, 4 ¡Buscad a Yahveh y su fuerza, id tras su rostro sin descanso,

105, 5 recordad las maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los juicios de su boca!

105, 6 Raza de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido:

105, 7 él, Yahveh, es nuestro Dios, por toda la tierra sus juicios.

105, 8 El se acuerda por siempre de su alianza, palabra que impuso a mil generaciones,

105, 9 lo que pactó con Abraham, el juramento que hizo a Isaac,

105, 10 y que puso a Jacob como precepto, a Israel como alianza eterna,

105, 11 diciendo: "Yo te daré la tierra de Canaán por parte de vuestra herencia".

105, 12 Aunque ellos eran poco numerosos, gente de paso y forasteros allí,

105, 13 cuando iban de nación en nación, desde un reino a otro pueblo,

105, 14 a nadie permitió oprimirles, por ellos castigó a los reyes:

105, 15 Guardaos de tocar a mis ungidos, ni mal alguno hagáis a mis profetas.

105, 16 Llamó al hambre sobre aquel país, todo bastón de pan rompió;

105, 17 delante de ellos envió a un hombre,José, vendido como esclavo.

105, 18 Sus pies vejaron con grilletes, por su cuello pasaron las cadenas,

105, 19 hasta que se cumplió su predicción, y le acreditó la palabra de Yahveh.

105, 20 El rey mandó a soltarle, el soberano de pueblos, a dejarle libre;

105, 21 le erigió señor sobre su casa, y de toda su hacienda soberano,

105, 22 para instruir a su gusto a sus magnates, y a sus ancianos hacer sabios.

105, 23 Entonces Israel entró en Egipto,Jacob residió en el país de Cam.

105, 24 El aumentó a su pueblo en gran manera, le hizo más fuerte que sus adversarios;

105, 25 cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo y a sus siervos pusieran asechanzas.

105, 26 Luego envió a Moisés su servidor, y Aarón, su escogido,

105, 27 que hicieron entre ellos sus señales anunciadas, prodigios en el país de Cam.

105, 28 Mandó tinieblas y tinieblas hubo, mas ellos desafiaron sus palabras.

105, 29 Trocó en sangre sus aguas y a sus peces dio muerte.

105, 30 Pululó de ranas su país, hasta en las moradas de sus reyes;

105, 31 mandó él, y vinieron los mosquitos, los cínifes por toda su comarca.

105, 32 Les dio por lluvia el granizo, llamas de fuego en su país;

105, 33 hirió sus viñedos, sus higueras, y los árboles quebró de su comarca.

105, 34 Dio la orden, y llegó la langosta, y el pulgón en número incontable;

105, 35 comieron toda hierba en su país, comieron el fruto de su suelo.

105, 36 E hirió en su país a todo primogénito, las primicias de todo su vigor;

105, 37 y a ellos los sacó con plata y oro, ni uno solo flaqueó de entre sus tribus.

105, 38 Egipto se alegró de su salida, pues era presa del terror.

105, 39 El desplegó una nube por cubierta, y un fuego para alumbrar de noche.

105, 40 Pidieron, y trajo codornices, de pan de los cielos los hartó;

105, 41 abrió la roca, y brotaron las aguas, como río corrieron por los sequedales.

105, 42 Recordando su palabra sagrada dada a Abraham su servidor,

105, 43 sacó a su pueblo en alborozo, a sus elegidos entre gritos de júbilo.

105, 44 Y las tierras les dio de las naciones, el trabajo de las gentes heredaron,

105, 45 a fin de que guarden sus preceptos y sus leyes observen.

 

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SALMO 106

Confesión nacional.

106, 1 ¡Aleluya! ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

106, 2 ¿Quién dirá las proezas de Yahveh, hará oír toda su alabanza?

106, 3 ¡Dichosos los que guardan el derecho, los que practican en todo tiempo la justicia!

106, 4 ¡Acuérdate de mí, Yahveh, por amor de tu pueblo; con tu salvación visítame,

106, 5 que vea yo la dicha de tus elegidos, me alegre en la alegría de tu pueblo, con tu heredad me felicite!

106, 6 Hemos pecado como nuestros padres, hemos faltado, nos hemos hecho impíos;

106, 7 nuestros padres, en Egipto, no comprendieron tus prodigios.No se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Altísimo junto al mar de Suf.

106, 8 El los salvó por amor de su nombre, para dar a conocer su poderío.

106, 9 Increpó al mar de Suf y éste se secó, los llevó por los abismos como por un desierto,

106, 10 los salvó de la mano del que odiaba, de la mano del enemigo los libró.

106, 11 El agua cubrió a sus adversarios, ni uno solo quedó.

106, 12 Entonces ellos tuvieron fe en sus palabras y sus laudes cantaron.

106, 13 Mas pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo;

106, 14 en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa.

106, 15 El les concedió lo que pedían, mandó fiebre a sus almas.

106, 16 Y en el campamento, de Moisés tuvieron celos, de Aarón, el santo de Yahveh.

106, 17 Se abre la tierra, traga a Datán, y cubre a la cuadrilla de Abirón;

106, 18 un fuego se enciende contra su cuadrilla, una llama abrasa a los impíos

106, 19 En Horeb se fabricaron un becerro, se postraron ante un metal fundido,

106, 20 y cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come heno.

106, 21 Olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto,

106, 22 de prodigios en el país de Cam, de portentos en el mar de Suf.

106, 23 Hablaba ya de exterminarlos, si no es porque Moisés, su elegido, se mantuvo en la brecha en su presencia, para apartar su furor de destruirlos.

106, 24 Una tierra de delicias desdeñaron, en su palabra no tuvieron fe;

106, 25 murmuraron dentro de sus tiendas, no escucharon la voz de Yahveh.

106, 26 Y él, mano en alto, les juró hacerles caer en el desierto,

106, 27 desperdigar su raza entre las naciones, y dispersarlos por los países.

106, 28 Luego se vincularon a Baal Peor y comieron sacrificios de muertos.

106, 29 Así le irritaron con sus obras, y una plaga descargó sobre ellos.

106, 30 Entonces surgió Pinjás, zanjó, y la plaga se detuvo;

106, 31 esto se le contó como justicia de edad en edad, para siempre.

106, 32 En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos,

106, 33 pues le amargaron el espíritu, y habló a la ligera con sus labios.

106, 34 No exterminaron a los pueblos que Yahveh les había señalado,

106, 35 sino que se mezclaron con las gentes, aprendieron sus prácticas.

106, 36 Sirvieron a sus ídolos que fueron un lazo para ellos;

106, 37 sacrificaban sus hijos y sus hijas a demonios.

106, 38 Sangre inocente derramaban, la sangre de sus hijos y sus hijas, que inmolaban a los ídolos de Canaán, y fue el país profanado de sangre.

106, 39 Así se manchaban con sus obras, y se prostituían con sus prácticas.

106, 40 Entonces se inflamó la cólera de Yahveh contra su pueblo, y abominó de su heredad.

106, 41 Los entregó en mano de las gentes, y los dominaron los que los odiaban;

106, 42 sus enemigos los tiranizaron, bajo su mano quedaron humillados.

106, 43 Muchas veces los libró aunque ellos, en su propósito obstinados, se hundían en su culpa;

106, 44 y los miró cuando estaban en apuros, escuchando su clamor.

106, 45 Se acordó en favor de ellos de su alianza, se enterneció según su inmenso amor;

106, 46 hizo que de ellos se apiadaran aquellos que cautivos los tenían.

106, 47 ¡Sálvanos, Yahveh, Dios nuestro, reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu nombre santo, y gloriarnos en tu alabanza!

106, 48 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, por eternidad de eternidades!Y el pueblo todo diga: ¡Amén!

 

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SALMO 107

Dios salva al hombre de todo peligro.

107, 1 ¡Aleluya! Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor.

107, 2 Que lo digan los redimidos de Yahveh, los que él ha redimido del poder del adversario,

107, 3 los que ha reunido de entre los países, de oriente y de poniente, del norte y mediodía.

107, 4 En el desierto erraban, por la estepa, no encontraban camino de ciudad habitada;

107, 5 hambrientos, y sedientos, desfallecía en ellos su alma.

107, 6 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los libró de sus angustias,

107, 7 les condujo por camino recto, hasta llegar a ciudad habitada.

107, 8 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107, 9 Porque él sació el alma anhelante, el alma hambrienta saturó de bienes.

107, 10 Habitantes de tiniebla y sombra, cautivos de la miseria y de los hierros,

107, 11 por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios y haber despreciado el consejo del Altísimo,

107, 12 él sometió su corazón a la fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera.

107, 13 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias,

107, 14 los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas.

107, 15 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107, 16 Pues las puertas de bronce quebrantó, y los barrotes de hierro hizo pedazos.

107, 17 Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,

107, 18 todo manjar les daba náusea, tocaban ya a las puertas de la muerte.

107, 19 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;

107, 20 su palabra envió para sanarlos y arrancar sus vidas de la fosa.

107, 21 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107, 22 Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.

107, 23 Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas,

107, 24 vieron las obras de Yahveh, sus maravillas en el piélago.

107, 25 Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas;

107, 26 subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía;

107, 27 dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia.

107, 28 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias;

107, 29 a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron.

107, 30 Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.

107, 31 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107, 32 ¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo, en el concejo de los ancianos le celebren!

107, 33 El cambia los ríos en desierto, y en suelo de sed los manantiales,

107, 34 la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes.

107, 35 Y él cambia el desierto en un estanque, y la árida tierra en manantial.

107, 36 Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad habitada.

107, 37 Y siembran campos, plantan viñas, que producen sus frutos de cosecha.

107, 38 El los bendice y crecen mucho y no deja que mengüen sus ganados.

107, 39 Menguados estaban, y abatidos por la tenaza del mal y la aflicción.

107, 40 El que vierte desprecio sobre príncipes, los hacía errar por caos sin camino.

107, 41 Mas él recobra de la miseria al pobre, aumenta como un rebaño las familias;

107, 42 los hombres rectos lo ven y se recrean, y toda iniquidad cierra su boca.

107, 43 ¿Hay algún sabio? ¡Que guarde estas cosas, y comprenda el amor de Yahveh!

 

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SALMO 108

Himno nacional y súplica nacional.

108, 1 Cántico. Salmo. De David.

108, 2 A punto está mi corazón, oh Dios, - voy a cantar, voy a salmodiar - ¡anda, gloria mía!

108, 3 ¡despertad, arpa y cítara! ¡a la aurora he de despertar!

108, 4 Te alabaré entre los pueblos, Yahveh, te salmodiaré entre las gentes,

108, 5 porque tu amor es grande hasta los cielos, tu lealtad hasta las nubes.

108, 6 ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!

108, 7 Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!

108, 8 Ha hablado Dios en su santuario: "Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.

108, 9 Mío es Galaad, mío Manasés,Efraím, yelmo de mi cabeza,Judá mi cetro.

108, 10 Moab, la vasija en que me lavo.Sobre Edom tiro mi sandalia, contra Filistea lanzo el grito de guerra."

108, 11 ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?

108, 12 ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

108, 13 ¡Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre!

108, 14 ¡Con Dios hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!

 

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SALMO 109

Salmo imprecatorio.

109, 1 Del maestro de coro. De David. Salmo. ¡Oh Dios de mi alabanza, no te quedes mudo!

109, 2 Boca de impío, boca de engaño, se abren contra mí.Me hablan con lengua de mentira,

109, 3 con palabras de odio me envuelven, me atacan sin razón.

109, 4 En pago de mi amor, se me acusa, y yo soy sólo oración;

109, 5 se me devuelve mal por bien y odio por mi amor:

109, 6 ¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal esté a su diestra;

109, 7 que en el juicio resulte culpable, y su oración sea tenida por pecado!

109, 8 ¡Sean pocos sus días, que otro ocupe su cargo;

109, 9 queden sus hijos huérfanos y viuda su mujer!

109, 10 "¡Anden sus hijos errantes, mendigando, y sean expulsados de sus ruinas; "

109, 11 el acreedor le atrape todo lo que tiene, y saqueen su fruto los extraños!

109, 12 ¡Ni uno solo tenga con él amor, nadie se compadezca de sus huérfanos,

109, 13 sea dada al exterminio su posteridad, en una generación sea borrado su nombre!

109, 14 ¡Sea ante Yahveh recordada la culpa de sus padres, el pecado de su madre no se borre;

109, 15 estén ante Yahveh constantemente, y él cercene de la tierra su memoria!

109, 16 Porque él no se acordó de actuar con amor: persiguió al pobre, al desdichado, y al de abatido corazón para matarle;

109, 17 amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso bendición: que de él se aleje.

109, 18 Se vistió de maldición como de un manto: ¡que penetre en su seno como agua, igual que aceite dentro de sus huesos!

109, 19 ¡Séale cual vestido que le cubra, como cinto que la ciña siempre!

109, 20 ¡Tal sea de parte de Yahveh la paga de mis acusadores, de los que dicen mal contra mi alma!

109, 21 ¡Y tú, Señor Yahveh, actúa por mí en gracia de tu nombre, porque tu amor es bueno, líbrame!,

109, 22 Porque soy pobre y desdichado, y tengo dentro herido el corazón;

109, 23 cual sombra que declina me voy yendo, me han sacudido igual que a la langosta.

109, 24 Por tanto ayuno se doblan mis rodillas, falta de aceite mi carne ha enflaquecido;

109, 25 me he hecho el insulto de ellos, me ven y menean su cabeza.

109, 26 ¡Ayúdame, Yahveh, Dios mío, sálvame por tu amor!

109, 27 ¡Sepan ellos que tu mano es ésta, que tú, Yahveh, lo has hecho!

109, 28 ¡Maldigan ellos, pero tú bendice, los que me atacan sean confundidos y tu siervo se alegre!

109, 29 ¡Los que me acusan queden vestidos de ignominia, como en un manto en su vergüenza envueltos!

109, 30 ¡Copiosas gracias a Yahveh en mi boca, entre la multitud le alabaré:

109, 31 porque él se pone a la diestra del pobre para salvar su alma de sus jueces!

 

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SALMO 110

El sacerdocio del Mesías.

110, 1 De David. Salmo. Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.

110, 2 El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de tus enemigos!

110, 3 Para ti el principado el día de tu nacimiento, en esplendor sagrado desde el seno, desde la aurora de tu juventud.

110, 4 Lo ha jurado Yahveh y no ha de retractarse: "Tú eres por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec."

110, 5 A tu diestra, Señor, él quebranta a los reyes el día de su cólera;

110, 6 sentencia a las naciones, amontona cadáveres, cabezas quebranta sobre la ancha tierra.

110, 7 En el camino bebe del torrente, por eso levanta la cabeza.

 

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SALMO 111

Elogio de las obras divinas.

111, 1 ¡Aleluya!

Doy gracias a Yahveh de todo corazón, en el consejo de los justos y en la comunidad.

111, 2 Grandes son las obras de Yahveh, meditadas por los que en ellas se complacen.

111, 3 Esplendor y majestad su obra, su justicia por siempre permanece.

111, 4 De sus maravillas ha dejado un memorial. ¡Clemente y compasivo Yahveh!

111, 5 Ha dado alimento a quienes le temen, se acuerda por siempre de su alianza.

111, 6 Ha revelado a su pueblo el poder de sus obras, dándole la heredad de las naciones.

111, 7 Verdad y justicia, las obras de sus manos, leales todas sus ordenanzas,

111, 8 afirmadas para siempre jamás, ejecutadas con verdad y rectitud.

111, 9 Ha enviado redención a su pueblo, ha fijado para siempre su alianza; santo y temible es su nombre.

111, 10 Principio del saber, el temor de Yahveh; muy cuerdos todos los que lo practican. Su alabanza por siempre permanece.

 

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SALMO 112

Elogio del justo.

112, 1 ¡Aleluya!¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh, que en sus mandamientos mucho se complace!

112, 2 Fuerte será en la tierra su estirpe, bendita la raza de los hombres rectos.

112, 3 Hacienda y riquezas en su casa, su justicia por siempre permanece.

112, 4 En las tinieblas brilla, como luz de los rectos, tierno, clemente y justo.

112, 5 Feliz el hombre que se apiada y presta, y arregla rectamente sus asuntos.

112, 6 No, no será conmovido jamás, en memoria eterna permanece el justo;

112, 7 no tiene que temer noticias malas, firme es su corazón, en Yahveh confiado.

112, 8 Seguro está su corazón, no teme: al fin desafiará a sus adversarios.

112, 9 Con largueza da a los pobres; su justicia por siempre permanece, su frente se levanta con honor.

112, 10 Lo ve el impío y se enfurece, rechinando sus dientes, se consume. El afán de los impíos se pierde.

 

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SALMO 113

Al Dios de Gloria y de piedad.

113, 1 ¡Aleluya!¡Alabad, servidores de Yahveh, alabad el nombre de Yahveh!

113, 2 ¡Bendito sea el nombre de Yahveh, desde ahora y por siempre!

113, 3 ¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre de Yahveh!

113, 4 ¡Excelso sobre todas las naciones Yahveh, por encima de los cielos su gloria!

113, 5 ¿Quién como Yahveh, nuestro Dios, que se sienta en las alturas,

113, 6 y se abaja para ver los cielos y la tierra?

113, 7 El levanta del polvo al desvalido, del estiércol hace subir al pobre,

113, 8 para sentarle con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.

113, 9 El asienta a la estéril en su casa, madre de hijos jubilosa.

 

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SALMO 114

Himno Pascual.

¡Aleluya!

114, 1 Cuando Israel salió de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo bárbaro,

114, 2 se hizo Judá su santuario,Israel su dominio.

114, 3 Lo vio la mar y huyó, retrocedió el Jordán,

114, 4 los montes brincaron lo mismo que carneros, las colinas como corderillos.

114, 5 Mar, ¿qué es lo que tienes para huir, y tú, Jordán, para retroceder,

114, 6 montes, para saltar como carneros, colinas, como corderillos?

114, 7 ¡Tiembla, tierra, ante la faz del Dueño, ante la faz del Dios de Jacob,

114, 8 aquel que cambia la peña en un estanque, y el pedernal en una fuente!

 

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SALMO 115

El único Dios verdadero.

115, 1 ¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu amor, por tu verdad!

115, 2 ¿Por qué han de decir las gentes: "¿Dónde está su Dios?"

115, 3 Nuestro Dios está en los cielos, todo cuanto le place lo realiza.

115, 4 Plata y oro son sus ídolos, obra de mano de hombre.

115, 5 Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven,

115, 6 tienen oídos y no oyen, tienen nariz y no huelen.

115, 7 Tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, ni un solo susurro en su garganta.

115, 8 Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

115, 9 Casa de Israel, confía en Yahveh, él, su auxilio y su escudo;

115, 10 casa de Aarón, confía en Yahveh, él, su auxilio y su escudo;

115, 11 los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh, él, su auxilio y su escudo.

115, 12 Yahveh se acuerda de nosotros, él bendecirá, bendecirá a la casa de Israel, bendecirá a la casa de Aarón,

115, 13 bendecirá a los que temen a Yahveh, a pequeños y grandes.

115, 14 ¡Yahveh os acreciente a vosotros y a vuestros hijos!

115, 15 ¡Benditos vosotros de Yahveh, que ha hecho los cielos y la tierra!

115, 16 Los cielos, son los cielos de Yahveh, la tierra, se la ha dado a los hijos de Adán.

115, 17 No alaban los muertos a Yahveh, ni ninguno de los que bajan al Silencio;

115, 18 mas nosotros, los vivos, a Yahveh bendecimos, desde ahora y por siempre.

 

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SALMO 116

Acción de gracias.

¡Aleluya!

116, 1 Yo amo, porque Yahveh escucha mi voz suplicante;

116, 2 porque hacia mí su oído inclina el día en que clamo.

116, 3 Los lazos de la muerte me aferraban, me sorprendieron las redes del seol; en angustia y tristeza me encontraba,

116, 4 y el nombre de Yahveh invoqué: ¡Ah, Yahveh, salva mi alma!

116, 5 Tierno es Yahveh y justo, compasivo nuestro Dios;

116, 6 Yahveh guarda a los pequeños, estaba yo postrado y me salvó.

116, 7 Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque Yahveh te ha hecho bien.

116, 8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, y mis pies de mal paso.

116, 9 Caminaré en la presencia de Yahveh por la tierra de los vivos.

116, 10 ¡Tengo fe, aún cuando digo: "Muy desdichado soy"!,

116, 11 yo que he dicho en mi consternación: "Todo hombre es mentiroso".

116, 12 ¿Cómo a Yahveh podré pagar todo el bien que me ha hecho?

116, 13 La copa de salvación levantaré, e invocaré el nombre de Yahveh.

116, 14 Cumpliré mis votos a Yahveh, ¡sí, en presencia de todo su pueblo!

116, 15 Mucho cuesta a los ojos de Yahveh la muerte de los que le aman.

116, 16 ¡Ah, Yahveh, yo soy tu siervo, tu siervo, el hijo de tu esclava, tú has soltado mis cadenas!

116, 17 Sacrificio te ofreceré de acción de gracias, e invocaré el nombre de Yahveh.

116, 18 Cumpliré mis votos a Yahveh, sí, en presencia de todo su pueblo,

116, 19 en los atrios de la Casa de Yahveh, en medio de ti, Jerusalén.

 

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SALMO 117

Invitación a la alabanza.

¡Aleluya!

117, 1 ¡Alabad a Yahveh, todas las naciones, celebradle, pueblos todos!

117, 2 Porque es fuerte su amor hacia nosotros, la verdad de Yahveh dura por siempre.

 

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SALMO 118

En la fiesta de las Tiendas.

¡Aleluya!

118, 1 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

118, 2 ¡Diga la casa de Israel: que es eterno su amor!

118, 3 ¡Diga la casa de Aarón: que es eterno su amor!

118, 4 ¡Digan los que temen a Yahveh: que es eterno su amor!

118, 5 En mi angustia hacia Yahveh grité, él me respondió y me dio respiro;

118, 6 Yahveh está por mí, no tengo miedo, ¿qué puede hacerme el hombre?

118, 7 Yahveh está por mí, entre los que me ayudan, y yo desafío a los que me odian.

118, 8 Mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en hombre;

118, 9 mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en magnates.

118, 10 Me rodeaban todos los gentiles: en el nombre de Yahveh los cercené;

118, 11 me rodeaban, me asediaban: en el nombre de Yahveh los cercené.

118, 12 Me rodeaban como avispas, llameaban como fuego de zarzas: en el nombre de Yahveh los cercené.

118, 13 Se me empujó, se me empujó para abatirme, pero Yahveh vino en mi ayuda;

118, 14 mi fuerza y mi cántico es Yahveh, él ha sido para mí la salvación.

118, 15 Clamor de júbilo y salvación, en las tiendas de los justos: "¡La diestra de Yahveh hace proezas,

118, 16 excelsa la diestra de Yahveh, la diestra de Yahveh hace proezas!"

118, 17 No, no he de morir, que viviré, y contaré las obras de Yahveh;

118, 18 me castigó, me castigó Yahveh, pero a la muerte no me entregó.

118, 19 ¡Abridme las puertas de justicia, entraré por ellas, daré gracias a Yahveh!

118, 20 Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos.

118, 21 Gracias te doy, porque me has respondido, y has sido para mí la salvación.

118, 22 La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido;

118, 23 esta ha sido la obra de Yahveh, una maravilla a nuestros ojos.

118, 24 ¡Este es el día que Yahveh ha hecho, exultemos y gocémonos en él!

118, 25 ¡Ah, Yahveh, da la salvación! ¡Ah, Yahveh, da el éxito!

118, 26 ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh!Desde la Casa de Yahveh os bendecimos.

118, 27 Yahveh es Dios, él nos ilumina. ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar!

118, 28 Tú eres mi Dios, yo te doy gracias,Dios mío, yo te exalto.

118, 29 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

 

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SALMO 119

Elogio de la ley divina.

Alef

119, 1 Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahveh.

119, 2 Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,

119, 3 y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.

119, 4 Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.

119, 5 ¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!

119, 6 Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.

119, 7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.

119, 8 Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.

Bet

119, 9 ¿Cómo el joven guardará puro su camino?Observando tu palabra.

119, 10 De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.

119, 11 Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.

119, 12 Bendito tú, Yahveh, enséñame tus preceptos.

119, 13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.

119, 14 En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.

119, 15 En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.

119, 16 En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.

Guímel

119, 17 Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.

119, 18 Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.

119, 19 Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.

119, 20 Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.

119, 21 Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.

119, 22 Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.

119, 23 Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.

119, 24 Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.

Dálet

119, 25 Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.

119, 26 Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.

119, 27 Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.

119, 28 Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.

119, 29 Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,

119, 30 He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.

119, 31 A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahveh.

119, 32 Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.

He

119, 33 Enséñame, Yahveh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.

119, 34 Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.

119, 35 Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.

119, 36 Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.

119, 37 Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.

119, 38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.

119, 39 Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.

119, 40 Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.

Vau

119, 41 ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahveh, tu salvación, conforme a tu promesa!

119, 42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confío en tu palabra.

119, 43 No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.

119, 44 Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.

119, 45 Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.

119, 46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.

119, 47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.

119, 48 Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.

Zain

119, 49 Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.

119, 50 Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.

119, 51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.

119, 52 Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahveh, y me consuelo.

119, 53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.

119, 54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.

119, 55 Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahveh, quiero guardar tu ley.

119, 56 Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.

Jet

119, 57 Mi porción, Yahveh, he dicho, es guardar tus palabras.

119, 58 Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.

119, 59 He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.

119, 60 Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.

119, 61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.

119, 62 Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.

119, 63 Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.

119, 64 De tu amor, Yahveh, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.

Tet

119, 65 Has sido generoso con tu siervo, oh Yahveh, conforme a tu palabra.

119, 66 Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.

119, 67 Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.

119, 68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.

119, 69 Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.

119, 70 Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.

119, 71 Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.

119, 72 Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.

Yod

119, 73 Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

119, 74 Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.

119, 75 Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.

119, 76 Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.

119, 77 Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.

119, 78 Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.

119, 79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.

119, 80 Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.

kaf

119, 81 En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.

119, 82 Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: "¿Cuándo vas a consolarme?"

119, 83 Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.

119, 84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?

119, 85 Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.

119, 86 Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!

119, 87 Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.

119, 88 Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.

Lámed

119, 89 Para siempre, Yahveh, tu palabra, firme está en los cielos.

119, 90 Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.

119, 91 Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.

119, 92 Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.

119, 93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.

119, 94 Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.

119, 95 Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.

119, 96 De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!

Mem

119, 97 ¡Oh, cuánto amo tu ley!Todo el día es ella mi meditación.

119, 98 Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.

119, 99 Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.

119, 100 Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.

119, 101 Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.

119, 102 De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.

119, 103 ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!

119, 104 Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.

Nun

119, 105 Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.

119, 106 He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.

119, 107 Humillado en exceso estoy, Yahveh, dame la vida conforme a tu palabra.

119, 108 Acepta los votos de mi boca, Yahveh, y enséñame tus juicios.

119, 109 Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.

119, 110 Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.

119, 111 Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.

119, 112 Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.

Sámek

119, 113 Aborrezco la doblez y amo tu ley.

119, 114 Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.

119, 115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Dios!

119, 116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.

119, 117 Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.

119, 118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.

119, 119 Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.

119, 120 Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.

Ain

119, 121 Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.

119, 122 Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.

119, 123 En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.

119, 124 Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos.

119, 125 Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.

119, 126 Ya es hora de actuar, Yahveh, se ha violado tu ley.

119, 127 Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.

119, 128 Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.

Pe

119, 129 Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.

119, 130 Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.

119, 131 Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.

119, 132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.

119, 133 Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.

119, 134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.

119, 135 Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.

119, 136 Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.

Sade

119, 137 ¡Justo eres tú, Yahveh, y rectitud tus juicios!

119, 138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.

119, 139 Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.

119, 140 Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.

119, 141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.

119, 142 Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.

119, 143 Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.

119, 144 Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.

Qof

119, 145 Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahveh, y guardaré tus preceptos.

119, 146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.

119, 147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.

119, 148 Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.

119, 149 Por tu amor, Yahveh, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.

119, 150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.

119, 151 Tú estás cerca, Yahveh, todos tus mandamientos son verdad.

119, 152 De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.

Res

119, 153 Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.

119, 154 Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.

119, 155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.

119, 156 Muchas son tus ternuras, Yahveh, por tus juicios, vivifícame.

119, 157 Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.

119, 158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.

119, 159 Mira que amo tus ordenanzas, Yahveh, dame la vida por tu amor.

119, 160 Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.

Sin

119, 161 Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.

119, 162 Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.

119, 163 La mentira detesto y abomino, amo tu ley.

119, 164 Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.

119, 165 Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.

119, 166 Espero tu salvación, Yahveh, tus mandamientos cumplo.

119, 167 Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.

119, 168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.

Tau

119, 169 Mi grito llegue hasta tu faz, Yahveh, por tu palabra dame inteligencia.

119, 170 Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.

119, 171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.

119, 172 Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.

119, 173 Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.

119, 174 Anhelo tu salvación, Yahveh, tu ley hace mis delicias.

119, 175 Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.

119, 176 Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo.No, no me olvido de tus mandamientos.

 

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SALMO 120

Los enemigos de la paz.

120, 1 Canción de las subidas

Hacia Yahveh, cuando en angustias me encontraba, clamé, y él me respondió.

120, 2 ¡Yahveh, libra mi alma del labio mentiroso, de la lengua tramposa!

120, 3 ¿Qué te dará y qué te añadirá, lengua tramposa?

120, 4 ¡Flechas de guerrero afiladas con brasas de retama!

120, 5 ¡Qué desgracia para mí vivir en Mések, morar en las tiendas de Quedar!

120, 6 Harto ha vivido ya mi alma con los que odian la paz.

120, 7 Que si yo hablo de paz, ellos prefieren guerra.

 

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SALMO 121

El guardian de Israel.

121, 1 Canción para las subidas. Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio?

121, 2 Mi auxilio me viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.

121, 3 ¡No deje él titubear tu pie! ¡no duerme tu guardián!

121, 4 No, no duerme ni dormita el guardián de Israel.

121, 5 Yahveh es tu guardián, tu sombra, Yahveh, a tu diestra.

121, 6 De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

121, 7 Te guarda Yahveh de todo mal, él guarda tu alma;

121, 8 Yahveh guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre.

 

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SALMO 122

Saludo a Jerusalén.

122, 1 Canción de las subidas. De David. ¡Oh, qué alegría cuando me dijeron:Vamos a la Casa de Yahveh!

122, 2 ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies en tus puertas, Jerusalén!

122, 3 Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía,

122, 4 a donde suben las tribus, las tribus de Yahveh, es para Israel el motivo de dar gracias al nombre de Yahveh.

122, 5 Porque allí están los tronos para el juicio, los tronos de la casa de David.

122, 6 Pedid la paz para Jerusalén: ¡en calma estén tus tiendas,

122, 7 haya paz en tus muros, en tus palacios calma!

122, 8 Por amor de mis hermanos y de mis amigos, quiero decir: ¡La paz contigo!

122, 9 ¡Por amor de la Casa de Yahveh nuestro Dios, ruego por tu ventura.

 

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SALMO 123

Oración de los afligidos.

123, 1 Canción de las subidas. A ti levanto mis ojos, tú que habitas en el cielo;

123, 2 míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos.Como los ojos de la sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en Yahveh nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.

123, 3 ¡Ten piedad de nosotros, Yahveh, ten piedad de nosotros, que estamos saturados de desprecio!

123, 4 ¡Nuestra alma está por demás saturada del sarcasmo de los satisfechos, (¡El desprecio es para los soberbios!)

 

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SALMO 124

El Salvador de Israel.

124, 1 Canción de las subidas. De David. Si Yahveh no hubiera estado por nosotros, - que lo diga Israel -

124, 2 si Yahveh no hubiera estado por nosotros, cuando contra nosotros se alzaron los hombres,

124, 3 vivos entonces nos habrían tragado en el fuego de su cólera.

124, 4 Entonces las aguas nos habrían anegado, habría pasado sobre nosotros un torrente,

124, 5 habrían pasado entonces sobre nuestra alma aguas voraginosas.

124, 6 ¡Bendito sea Yahveh que no nos hizo presa de sus dientes!

124, 7 Nuestra alma como un pájaro escapó del lazo de los cazadores.El lazo se rompió y nosotros escapamos;

124, 8 nuestro socorro en el nombre de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.

 

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SALMO 125

Dios protege a los suyos.

125, 1 Canción de las subidas. Los que confían en Yahveh son como el monte Sión, que es inconmovible, estable para siempre.

125, 2 ¡Jerusalén, de montes rodeada!Así Yahveh rodea a su pueblo desde ahora y por siempre.

125, 3 Jamás ha de caer el cetro de impiedad sobre la suerte de los justos, para que los justos no alarguen a la maldad su mano.

125, 4 Haz bien, Yahveh, a los buenos, a los de recto corazón.

125, 5 ¡Mas a los que yerran por sus caminos tortuosos, los suprima Yahveh con los agentes de mal! ¡Paz a Israel!

 

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SALMO 126

Canto del regreso.

126, 1 Canción de las subidas. Cuando Yahveh hizo volver a los cautivos de Sión, como soñando nos quedamos;

126, 2 entonces se llenó de risa nuestra boca y nuestros labios de gritos de alegría.Entonces se decía entre las naciones: ¡Grandes cosas ha hecho Yahveh con éstos!

126, 3 ¡Sí, grandes cosas hizo con nosotros Yahveh, el gozo nos colmaba!

126, 4 ¡Haz volver, Yahveh, a nuestros cautivos como torrentes en el Négueb!

126, 5 Los que siembran con lágrimas cosechan entre cánticos.

126, 6 Al ir, va llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas.

 

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SALMO 127

Abandono en la Providencia.

127, 1 Canción de las subidas. De Salomón. Si Yahveh no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si Yahveh no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia.

127, 2 En vano madrugáis a levantaros, el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatigas, cuando él colma a su amado mientras duerme.

127, 3 La herencia de Yahveh son los hijos, recompensa el fruto de las entrañas;

127, 4 como flechas en la mano del héroe, así los hijos de la juventud.

127, 5 Dichoso el hombre que ha llenado de ellas su aljaba; no quedarán confusos cuando tengan pleito con sus enemigos en la puerta.

 

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SALMO 128

Bendición del justo.

128, 1 Canción de las subidas. Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos.

128, 2 Del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien!

128, 3 Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa.Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.

128, 4 Así será bendito el hombre que teme a Yahveh.

128, 5 ¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida,

128, 6 y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel!

 

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SALMO 129

Contra los enemigos de Sión.

129, 1 Canción de las subidas. Mucho me han asediado desde mi juventud, - que lo diga Israel -

129, 2 mucho me han asediado desde mi juventud, pero conmigo no han podido.

129, 3 Sobre mi espalda araron aradores, alargaron sus surcos.

129, 4 Yahveh, el justo ha roto las coyundas de los impíos.

129, 5 ¡Sean avergonzados, retrocedan todos los que odian a Sión;

129, 6 sean como la hierba de los techos que se seca antes de arrancarla!

129, 7 De ella no llena el segador su mano ni su regazo el gavillador;

129, 8 y no dicen tampoco los que pasan: ¡Bendición de Yahveh sobre vosotros!Nosotros os bendecimos en el nombre de Yahveh.

 

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SALMO 130

De profundis.

130, 1 Canción de las subidas. Desde lo más profundo grito a ti, Yahveh:

130, 2 ¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!

130, 3 Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh, ¿quién, Señor, resistirá?

130, 4 Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido.

130, 5 Yo espero en Yahveh, mi alma espera en su palabra;

130, 6 mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la aurora; mas que los centinelas la aurora,

130, 7 aguarde Israel a Yahveh.Porque con Yahveh está el amor, junto a él abundancia de rescate;

130, 8 él rescatará a Israel de todas sus culpas.

 

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SALMO 131

Con espíritu de infancia.

131, 1 Canción de las subidas. De David. No está inflado, Yahveh, mi corazón, ni mis ojos subidos.No he tomado un camino de grandezas ni de prodigios que me vienen anchos.

131, 2 No, mantengo mi alma en paz y silencio como niño destetado en el regazo de su madre. ¡Como niño destetado está mi alma en mí!

131, 3 ¡Espera, Israel, en Yahveh desde ahora y por siempre!

 

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SALMO 132

En el aniversario del traslado del arca.

132, 1 Canción de las subidas. Acuérdate, Yahveh, en favor de David, de todos sus desvelos,

132, 2 del juramento que hizo a Yahveh, de su voto al Fuerte de Jacob:

132, 3 No he de entrar bajo el techo de mi casa, no he de subir al lecho en que reposo,

132, 4 sueño a mis ojos no he de conceder ni quietud a mis párpados,

132, 5 mientras no encuentre un lugar para Yahveh, una Morada para el Fuerte de Jacob.

132, 6 Mirad: hemos oído de Ella que está en Efratá, ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque!

132, 7 ¡Vayamos a la Morada de él, ante el estrado de sus pies postrémonos!

132, 8 ¡Levántate, Yahveh, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza!

132, 9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, griten de alegría tus amigos.

132, 10 En gracia a David, tu servidor, no rechaces el rostro de tu ungido.

132, 11 Juró Yahveh a David, verdad que no retractará: "El fruto de tu seno asentaré en tu trono.

132, 12 Si tus hijos guardan mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono.

132, 13 Porque Yahveh ha escogido a Sión, la ha querido como sede para sí:

132, 14 Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido.

132, 15 Sus provisiones bendeciré sin tasa, a sus pobres hartaré de pan,

132, 16 de salvación vestiré a sus sacerdotes, y sus amigos gritarán de júbilo.

132, 17 Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido;

132, 18 de vergüenza cubriré a sus enemigos, y sobre él brillará su diadema.

 

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SALMO 133

La union fraterna.

133, 1 Canción de las subidas. De David. ¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!

133, 2 Como un ungüento fino en la cabeza, que baja por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la orla de sus vestiduras.

133, 3 Como el rocío del Hermón que baja por las alturas de Sión; allí Yahveh la bendición dispensa, la vida para siempre.

 

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SALMO 134

Para la fiesta nocturna.

134, 1 Canción de las subidas ¡Oh, bendecid a Yahveh todos los servidores de Yahveh, que servís en la Casa de Yahveh, en los atrios de la Casa del Dios nuestro!

134, 2 ¡Por las noches alzad las manos hacia el santuario, y bendecid a Yahveh!

134, 3 ¡Bendígate Yahveh desde Sión, él, que hizo los cielos y la tierra!

 

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SALMO 135

Himno de laudes.

135, 1 ¡Aleluya! Alabad el nombre de Yahveh, alabad, servidores de Yahveh,

135, 2 que servís en la Casa de Yahveh, en los atrios de la Casa del Dios nuestro.

135, 3 Alabad a Yahveh, porque es bueno Yahveh, salmodiad a su nombre, que es amable.

135, 4 Pues Yahveh se ha elegido a Jacob, a Israel, como su propiedad.

135, 5 Bien sé yo que es grande Yahveh, nuestro Señor más que todos los dioses.

135, 6 Todo cuanto agrada a Yahveh, lo hace en el cielo y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

135, 7 Levantando las nubes desde el extremo de la tierra, para la lluvia hace él los relámpagos, saca de sus depósitos el viento.

135, 8 El hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre al ganado;

135, 9 mandó señales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra Faraón y todos sus siervos.

135, 10 Hirió a naciones en gran número, dio muerte a reyes poderosos,

135, 11 a Sijón, rey de los amorreos, a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán;

135, 12 y dio sus tierras en herencia, en herencia a su pueblo Israel.

135, 13 ¡Yahveh, tu nombre para siempre,Yahveh, tu memoria de edad en edad!

135, 14 Porque Yahveh a su pueblo hace justicia, y se compadece de sus siervos.

135, 15 Los ídolos de las naciones, plata y oro, obra de manos de hombre

135, 16 tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven;

135, 17 tienen oídos y no oyen, ni un soplo siquiera hay en su boca.

135, 18 Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

135, 19 Caza de Israel, bendecid a Yahveh, casa de Aarón, bendecid a Yahveh,

135, 20 casa de Leví, bendecid a Yahveh, los que a Yahveh teméis, bendecid a Yahveh.

135, 21 ¡Bendito sea Yahveh desde Sión, el que habita en Jerusalén!

 

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SALMO 136

Letanía de acción de gracias.

¡Aleluya!

136, 1 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

136, 2 Dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

136, 3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

136, 4 El solo hizo maravillas, porque es eterno su amor.

136, 5 Hizo los cielos con inteligencia, porque es eterno su amor;

136, 6 sobre las aguas asentó la tierra, porque es eterno su amor.

136, 7 Hizo las grandes lumbreras, porque es eterno su amor;

136, 8 el sol para regir el día, porque es eterno su amor;

136, 9 la luna y las estrellas para regir la noche, porque es eterno su amor.

136, 10 Hirió en sus primogénitos a Egipto, porque es eterno su amor;

136, 11 y sacó a Israel de entre ellos, porque es eterno su amor;

136, 12 con mano fuerte y tenso brazo, porque es eterno su amor.

136, 13 El mar de Suf partió en dos, porque es eterno su amor;

136, 14 por medio a Israel hizo pasar, porque es eterno su amor;

136, 15 y hundió en él a Faraón con sus huestes, porque es eterno su amor.

136, 16 Guió a su pueblo en el desierto, porque es eterno su amor;

136, 17 hirió a grandes reyes, porque es eterno su amor;

136, 18 y dio muerte a reyes poderosos, porque es eterno su amor;

136, 19 a Sijón, rey de los amorreos, porque es eterno su amor;

136, 20 y a Og, rey de Basán, porque es eterno su amor.

136, 21 Y dio sus tierras en herencia, porque es eterno su amor;

136, 22 en herencia a su siervo Israel, porque es eterno su amor.

136, 23 En nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterno su amor;

136, 24 y nos libró de nuestros adversarios, porque es eterno su amor.

136, 25 El da el pan a toda carne, porque es eterno su amor;

136, 26 ¡Dad gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor!

 

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SALMO 137

Balada del desterrado.

137, 1 A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión;

137, 2 en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.

137, 3 Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: "¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!"

137, 4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?

137, 5 ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!

137, 6 ¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!

137, 7 Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!

137, 8 ¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,

137, 9 feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!

 

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SALMO 138

Himno de acción de gracias.

138, 1 De David. Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, pues tú has escuchado las palabras de mi boca.En presencia de los ángeles salmodio para ti,

138, 2 hacia tu santo Templo me prosterno.Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, pues tu promesa ha superado tu renombre.

138, 3 El día en que grité, tú me escuchaste, aumentaste la fuerza en mi alma.

138, 4 Te dan gracias, Yahveh, todos los reyes de la tierra, porque oyen las promesas de tu boca;

138, 5 y cantan los caminos de Yahveh: "¡Qué grande la gloria de Yahveh!

138, 6 ¡Excelso es Yahveh, y ve al humilde, al soberbio le conoce desde lejos!"

138, 7 Si ando en medio de angustias, tú me das la vida, frente a la cólera de mis enemigos, extiendes tú la mano y tu diestra me salva:

138, 8 Yahveh lo acabará todo por mí. ¡Oh Yahveh, es eterno tu amor, no dejes la obra de tus manos!

 

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SALMO 139

Homenaje a Aquel que lo sabe todo.

139, 1 Del maestro de coro. De David. Salmo. Yahveh, tú me escrutas y conoces;

139, 2 sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos;

139, 3 esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.

139, 4 Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces entera;

139, 5 me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano.

139, 6 Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.

139, 7 ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?

139, 8 Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras.

139, 9 Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar,

139, 10 también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende.

139, 11 Aunque diga: "¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor,

139, 12 ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día.

139, 13 Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre;

139, 14 yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras.Mi alma conocías cabalmente,

139, 15 y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra.

139, 16 Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.

139, 17 Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos, oh, Dios, qué incontable su suma!

139, 18 ¡Son más, si los recuento, que la arena, y al terminar, todavía estoy contigo!

139, 19 ¡Ah, si al impío, oh Dios, mataras, si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!

139, 20 Ellos que hablan de ti dolosamente, tus adversarios que se alzan en vano.

139, 21 ¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?

139, 22 Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.

139, 23 Sóndame, oh Dios, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos;

139, 24 mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.

 

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