LA BIBLIA CATÓLICA

LIBRO DE LOS SALMOS

 

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SALMO 1

Los dos caminos

1, 1 ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,

1, 2 mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche!

1, 3 Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.

1, 4 ¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.

1, 5 Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.

1, 6 Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.

 

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SALMO 2

El drama mesiánico

2, 1 ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?

2, 2 Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:

2, 3 «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»

2, 4 El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.

2, 5 Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:

2, 6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»

2, 7 Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.

2, 8 Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.

2, 9 Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»

2, 10 Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.

2, 11 Servid a Yahveh con temor,

2, 12 con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!

 

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SALMO 3

Clamor matinal del justo perseguido

3, 1 Salmo. De David. Cuando huía de su hijo Absalón.

3, 2 Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí!

3, 3 ¡Cuántos los que dicen de mi vida: «No hay salvación para él en Dios!»

3, 4 Mas tú, Yahveh, escudo que me ciñes, mi gloria, el que realza mi cabeza.

3, 5 A voz en grito clamo hacia Yahveh, y él me responde desde su santo monte.

3, 6 Yo me acuesto y me duermo, me despierto, pues Yahveh me sostiene.

3, 7 No temo a esas gentes que a millares se apostan en torno contra mí.

3, 8 ¡Levántate, Yahveh! ¡Dios mío, sálvame! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, los dientes de los impíos tú los rompes.

3, 9 De Yahveh la salvación. Tu bendición sobre tu pueblo. Pausa

 

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SALMO 4

Oración vespertina

4, 1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David.

4, 2 Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tú me abres salida; tenme piedad, escucha mi oración.

4, 3 Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira?

4, 4 ¡Sabed que Yahveh mima a su amigo, Yahveh escucha cuando yo le invoco.

4, 5 Temblad, y no pequéis; hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio!

4, 6 Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh.

4, 7 Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?» ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro! Yahveh,

4, 8 tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo.

4, 9 En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo, pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.

 

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SALMO 5

Oración de la mañana

5, 1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo. De David.

5, 2 Escucha mis palabras, Yahveh, repara en mi lamento,

5, 3 atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque a ti te suplico,

5, 4 Yahveh; ya de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera.

5, 5 Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad, no es huésped tuyo el malo.

5, 6 No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal,

5, 7 pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh.

5, 8 Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.

5, 9 Guíame, Yahveh, en tu justicia, por causa de los que me acechan, allana tu camino ante mí.

5, 10 Que no hay en su boca lealtad, en su interior, tan sólo subversión; sepulcro abierto es su garganta, melosa muévese su lengua.

5, 11 Trátalos, oh Dios, como culpables, haz que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus crímenes, por rebelarse contra ti.

5, 12 Y se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu nombre.

5, 13 Pues tú bendices al justo, Yahveh, como un gran escudo tu favor le cubre.

 

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SALMO 6

Plegaria en la tribulación

6, 1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David.

6, 2 Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.

6, 3 Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,

6, 4 desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?

6, 5 Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.

6, 6 Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?

6, 7 Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;

6, 8 mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.

6, 9 Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.

6, 10 Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.

6, 11 ¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

 

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SALMO 7

Oración del justo perseguido

7, 1 Lamentación. De David. La que cantó a Yahveh a propósito del benjaminita Kus.

7, 2 Yahveh, Dios mío, a ti me acojo, sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;

7, 3 ¡que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre!

7, 4 Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice, si hay en mis manos injusticia,

7, 5 si a mi bienhechor con mal he respondido si he perdonado al opresor injusto,

7, 6 ¡que el enemigo me persiga y me alcance, estrelle mi vida contra el suelo, y tire mis entrañas por el polvo!

7, 7 Levántate, Yahveh, en tu cólera, surge contra los arrebatos de mis opresores, despierta ya, Dios mío, tú que el juicio convocas.

7, 8 Que te rodee la asamblea de las naciones, y tú en lo alto vuélvete hacia ella.

7, 9 (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia.

7, 10 Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo.

7, 11 Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón;

7, 12 Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo

7, 13 para el que no se vuelve. Afile su espada el enemigo, tense su arco y lo apareje,

7, 14 para sí solo prepara armas de muerte, hace tizones de sus flechas;

7, 15 vedle en su preñez de iniquidad, malicia concibió, fracaso pare.

7, 16 Cavó una fosa, recavó bien hondo, mas cae en el hoyo que él abrió;

7, 17 revierte su obra en su cabeza, su violencia en su cerviz recae.

7, 18 Doy gracias a Yahveh por su justicia, salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.

 

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SALMO 8

Poder del nombre divino

8, 1 Del maestro de coro. Según la... de Gat. Salmo. De David.

8, 2 ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra! Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

8, 3 en boca de los niños, los que aún maman, dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes.

8, 4 Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú,

8, 5 ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?

8, 6 Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor;

8, 7 le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies:

8, 8 ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo,

8, 9 y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas.

8, 10 ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

 

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SALMO 9

Dios humilla a los impíos y salva a los humildes

9, 1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David.

9, 2 Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;

9, 3 quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.

9, 4 Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;

9, 5 pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.

9, 6 Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;

9, 7 acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. He aquí que

9, 8 Yahveh se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;

9, 9 él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.

9, 10 ¡Sea Yahveh ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!

9, 11 Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahveh, no abandonas a los que te buscan.

9, 12 Salmodiad a Yahveh, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;

9, 13 que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.

9, 14 Tenme piedad, Yahveh, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,

9, 15 para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.

9, 16 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.

9, 17 Yahveh se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. Sordina.

9, 18 ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!

9, 19 Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.

9, 20 ¡Levántate, Yahveh, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!

9, 21 Infunde tú, Yahveh, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres.

 

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SALMO 10

La arrogancia y la prepotencia de los malvados

10, 1 ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?

10, 2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.

10, 3 Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,

10, 4 el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

10, 5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.

10, 6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» porque en desgracia no se ve,

10, 7 maldice.

De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;

10, 8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. Todo ojos, espía al desvalido,

10, 9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.

10, 10 Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;

10, 11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»

10, 12 ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!

10, 13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»

10, 14 Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.

10, 15 ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!

10, 16 ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!

10, 17 El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alarguas tus oídos,

10, 18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!

 

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SALMO 11

Confianza del justo

11, 1 Del maestro de coro. De David.

En Yahveh me cobijo; ¿cómo decís a mi alma: «Huye, pájaro, a tu monte?

11, 2 «He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón.

11, 3 Si están en ruinas los cimientos, ¿que puede hacer el justo?»

11, 4 Yahveh en su Templo santo, Yahveh, su trono está en los cielos; ven sus ojos el mundo, sus párpados exploran a los hijos de Adán.

11, 5 Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.

11, 6 ¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre, y un viento abrasador por porción de su copa!

11, 7 Que es justo Yahveh y lo justo ama, los rectos contemplarán su rostro.

 

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SALMO 12

Contra el mundo mentiroso

12, 1 Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David.

12, 2 ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

12, 3 Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

12, 4 Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,

12, 5 los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿quien va a ser amo nuestro?»

12, 6 Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.

12, 7 Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

12, 8 Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;

12, 9 de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.

 

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SALMO 13

Clamor confiado

13, 1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

13, 2 ¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

13, 3 ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, en mi corazón angustia, día y noche? ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo?

13, 4 ¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío! ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,

13, 5 no diga mi enemigo: «¡Le he podido!», no exulten mis adversarios al verme vacilar!

13, 6 Que yo en tu amor confío; en tu salvación mi corazón exulte. ¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho Samodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!

 

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SALMO 14

El hombre sin Dios

14, 1 Del maestro de coro. De David.

Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

14, 2 Se asoma Yahveh desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.

14, 3 Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay nadie que haga el bien. ni uno siquiera.

14, 4 ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y a Yahveh no invocan?

14, 5 Allí de espanto temblarán donde nada hay que espante, que Dios está por la raza del justo:

14, 6 de los planes del desdichado os burláis. mas Yahveh es su refugio.

14, 7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? Cuando cambie Yahveh la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel.

 

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SALMO 15

El huésped de Yahvé

15, 1 Salmo. De David.

Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte?

15, 2 El que ando sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón,

15, 3 y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo;

15, 4 con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahveh; que jura en su perjuicio y no retracta,

15, 5 no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.

 

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SALMO 16

Yahvé, la parte de mi herencia

16, 1 A media voz. De David.

Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio.

16, 2 Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor. mi bien, nada hay fuera de ti»;

16, 3 ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».

16, 4 Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios.

16, 5 Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras;

16, 6 la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí.

16, 7 Bendigo a Yahveh que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye;

16, 8 pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo.

16, 9 Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa;

16, 10 pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.

16, 11 Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.

 

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SALMO 17

Clamor del inocente

17, 1 Oración. De David.

Escucha, Yahveh, la justicia, atiende a mi clamor, presta oído a mi plegaria, que no es de labios engañosos.

17, 2 Mi juicio saldrá de tu presencia, tus ojos ven lo recto.

17, 3 Mi corazón tú sondas, de noche me visitas; me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí; mi boca no claudica

17, 4 al modo de los hombres. La palabra de tus labios he guardado, por las sendas trazas

17, 5 ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies.

17, 6 Yo te llamo, que tú, oh Dios, me respondes, tiende hacia mí tu oído, escucha mis palabras,

17, 7 haz gala de tus gracias, tú que salvas a los que buscan a tu diestra refugio contra los que atacan.

17, 8 Guárdame como la pupila de los ojos, escóndeme a la sombra de tus alas

17, 9 de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan.

17, 10 Están ellos cerrados en su grasa, hablan, la arrogancia en la boca.

17, 11 Avanzan contra mí, ya me cercan, me clavan sus ojos para tirarme al suelo.

17, 12 Son como el león ávido de presa, o el leoncillo agazapado en su guarida.

17, 13 ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale; libra con tu espada mi alma del impío,

17, 14 de los mortales, con tu mano, Yahveh, de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida! ¡De tus reservas llénales el vientre, que sus hijos se sacien, y dejen las sobras para sus pequeños!

17, 15 Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen.

 

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SALMO 18

Te Deum real

18, 1 Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl.

18, 2 Dijo:

Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado).

18, 3 Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.

18, 4 Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.

18, 5 Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,

18, 6 los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.

18, 7 Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.

18, 8 La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor);

18, 9 una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos).

18, 10 El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies;

18, 11 cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó.

18, 12 Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;

18, 13 del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego.

18, 14 Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz;

18, 15 arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota.

18, 16 El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.

18, 17 El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;

18, 18 me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.

18, 19 Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí;

18, 20 me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba.

18, 21 Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos;

18, 22 porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios.

18, 23 Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado;

18, 24 he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado.

18, 25 Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.

18, 26 Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha;

18, 27 con el puro eres puro, con el ladino, sagaz;

18, 28 tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros.

18, 29 Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;

18, 30 con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla.

18, 31 Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen.

18, 32 Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?

18, 33 El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable,

18, 34 que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,

18, 35 el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.

18, 36 Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,

18, 37 mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos.

18, 38 Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado;

18, 39 los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.

18, 40 Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores,

18, 41 a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.

18, 42 Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde.

18, 43 Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.

18, 44 De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven;

18, 45 los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen,

18, 46 los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios.

18, 47 ¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado,

18, 48 el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas!

18, 49 Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.

18, 50 Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.

18, 51 El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.

 

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SALMO 19

Yahvé, sol de justicia

19, 1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

19, 2 Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento;

19, 3 el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.

19, 4 No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;

19, 5 mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,

19, 6 y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

19, 7 A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.

19, 8 La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo.

19, 9 Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.

19, 10 El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,

19, 11 apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

19, 12 Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.

19, 13 Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.

19, 14 Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.

19, 15 ¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahveh, roca mía, mi redentor.

 

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SALMO 20

Oración por el rey

20, 1 Oración por el rey Del maestro de coro. Salmo. De David.

20, 2 ¡Yahveh te responda el día de la angustia, protéjate el nombre del Dios de Jacob!

20, 3 El te envíe socorro desde su santuario, desde Sión sea tu apoyo.

20, 4 Se acuerde de todas tus ofrendas, halle sabroso tu holocausto;

20, 5 te otorgue según tu corazón, cumpla todos tus proyectos.

20, 6 ¡Y nosotros aclamemos tu victoria, de nuestro Dios el nombre tremolemos! ¡Cumpla Yahveh todas tus súplicas!

20, 7 Ahora conozco que Yahveh dará la salvación a su ungido; desde su santo cielo le responderá con las proezas victoriosas de su diestra.

20, 8 Unos con los carros, otros con los caballos, nosotros invocamos el nombre de Yahveh, nuestro Dios.

20, 9 Ellos se doblegan y caen, y nosotros en pie nos mantenemos.

20, 10 ¡Oh Yahveh, salva al rey, respóndenos el día de nuestra súplica!

 

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SALMO 21

Liturgia de la coronación

21, 1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

21, 2 Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo!

21, 3 Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios.

21, 4 Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino;

21, 5 vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás.

21, 6 Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad;

21, 7 bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro.

21, 8 Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar.

21, 9 Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian;

21, 10 harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará;

21, 11 harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán.

21, 12 Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán.

21, 13 Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos.

21, 14 ¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!

 

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SALMO 22

Sufrimiento y esperanza del justo

22, 1 Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David.

22, 2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!

22, 3 Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.

22, 4 ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!

22, 5 En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;

22, 6 a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.

22, 7 Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,

22, 8 todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:

22, 9 «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»

22, 10 Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;

22, 11 a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.

22, 12 ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!

22, 13 Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;

22, 14 ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.

22, 15 Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.

22, 16 Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.

22, 17 Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.

22, 18 Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,

22, 19 repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.

22, 20 ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía,

22, 21 libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;

22, 22 sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!

22, 23 ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:

22, 24 «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».

22, 25 Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.

22, 26 De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.

22, 27 Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»

22, 28 Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.

22, 29 Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.

22, 30 Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,

22, 31 le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

 

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SALMO 23

El buen pastor

23, 1 Salmo. De David.

Yahveh es mi pastor, nada me falta.

23, 2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,

23, 3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.

23, 4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.

23, 5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.

23, 6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.

 

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SALMO 24

Liturgia de entrada en el santuario

24, 1 Salmo. De David.

De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan;

24, 2 que él lo fundó sobre los mares, él lo asentó sobre los ríos.

24, 3 ¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?

24, 4 El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura.

24, 5 El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación.

24, 6 Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob.

24, 7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

24, 8 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh, valiente en la batalla.

24, 9 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

24, 10 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sebaot, él es el rey de gloria.

 

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SALMO 25

Oración en el peligro

25, 1 De David.

A ti, Yahveh, levanto mi alma,

25, 2 oh Dios mío. En ti confío, ¡no sea confundido, no triunfen de mí mis enemigos!

25, 3 No hay confusión para el que espera en ti, confusión sólo para el que traiciona sin motivo.

25, 4 Muéstrame tus caminos, Yahveh, enséñame tus sendas.

25, 5 Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación. En ti estoy esperando todo el día,

25, 6 Acuérdate, Yahveh, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre.

25, 7 De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Yahveh.

25, 8 Bueno y recto es Yahveh; por eso muestra a los pecadores el camino;

25, 9 conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.

25, 10 Todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes.

25, 11 Por tu nombre, oh Yahveh, perdona mi culpa, porque es grande.

25, 12 Si hay un hombre que tema a Yahveh, él le indica el camino a seguir;

25, 13 su alma mora en la felicidad, y su estirpe poseerá la tierra.

25, 14 El secreto de Yahveh es para quienes le temen, su alianza, para darles cordura.

25, 15 Mis ojos están fijos en Yahveh, que él sacará mis pies del cepo.

25, 16 Vuélvete a mí, tenme piedad, que estoy solo y desdichado.

25, 17 Alivia los ahogos de mi corazón, hazme salir de mis angustias.

25, 18 Ve mi aflicción y mi penar, quita todos mis pecados.

25, 19 Mira cuántos son mis enemigos, cuán violento el odio que me tienen.

25, 20 Guarda mi alma, líbrame, no quede confundido, cuando en ti me cobijo.

25, 21 Inocencia y rectitud me amparen, que en ti espero, Yahveh.

25, 22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.

 

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SALMO 26

Plegaria del inocente

26, 1 De David.

Hazme justicia, Yahveh, pues yo camino en mi entereza, me apoyo en Yahveh y no vacilo.

26, 2 Escrútame, Yahveh, ponme a prueba, pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;

26, 3 está tu amor delante de mis ojos, y en tu verdad camino.

26, 4 No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas;

26, 5 odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.

26, 6 Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh,

26, 7 haciendo resonar la acción de gracias, todas tus maravillas pregonando;

26, 8 amo, Yahveh, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria.

26, 9 No juntes mi alma con los pecadores, ni mi vida con los hombres sanguinarios,

26, 10 que tienen en sus manos la infamia, y su diestra repleta de soborno.

26, 11 Yo, en cambio, camino en mi entereza; rescátame, ten piedad de mí;

26, 12 mi pie está firme en suelo llano; a ti, Yahveh, bendeciré en las asambleas.

 

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SALMO 27

Junto a Dios no hay temor

27, 1 De David.

Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

27, 2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

27, 3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

27, 4 Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo.

27, 5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

27, 6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda voy a sacrificar. sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré a Yahveh.

27, 7 Escucha, Yahveh, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!

27, 8 Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro.» Sí, Yahveh, tu rostro busco:

27, 9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

27, 10 Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.

27, 11 Enséñame tu camino, Yahveh, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;

27, 12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.

27, 13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh en la tierra de los vivos!

27, 14 Espera en Yahveh, ten valor y firme corazón, espera en Yahveh.

 

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SALMO 28

Súplica y acción de gracias

28, 1 De David.

Hacia ti clamo, Yahveh, roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa.

28, 2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad.

28, 3 No me arrebates con los impíos, ni con los agentes de mal, que hablan de paz a su vecino, mas la maldad está en su corazón.

28, 4 Dales, Yahveh, conforme a sus acciones, y a la malicia de sus hechos, según la obra de sus manos trátales, págales con su misma moneda.

28, 5 Pues no comprenden los hechos de Yahveh, la obra de sus manos: ¡derríbelos él y no los rehabilite!

28, 6 ¡Bendito sea Yahveh, que ha oído la voz de mis plegarias!

28, 7 Yahveh mi fuerza, escudo mío, en él confió mi corazón y he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo corazón.

28, 8 Yahveh, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido.

28, 9 Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, pastoréalos y llévalos por siempre.

 

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SALMO 29

Himno al Señor de la tormenta

29, 1 Salmo. De David.

¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios, rendid a Yahveh gloria y poder!

29, 2 Rendid a Yahveh la gloria de su nombre, postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.

29, 3 Voz de Yahveh sobre las aguas; el Dios de gloria truena, ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!

29, 4 Voz de Yahveh con fuerza, voz de Yahveh con majestad.

29, 5 Voz de Yahveh que desgaja los cedros, Yahveh desgaja los cedros del Líbano,

29, 6 hace brincar como un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de búfalo.

29, 7 Voz de Yahveh que afila llamaradas.

29, 8 Voz de Yahveh, que sacude el desierto, sacude Yahveh el desierto de Cadés.

29, 9 Voz de Yahveh, que estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!

29, 10 Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno.

29, 11 Yahveh da el poder a su pueblo, Yahveh bendice a su pueblo con la paz.

 

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SALMO 30

Acción de gracias después de un peligro de muerte

30, 1 Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David.

30, 2 Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.

30, 3 Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.

30, 4 Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.

30, 5 Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada.

30, 6 De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo.

30, 7 Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.»

30, 8 Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.

30, 9 A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro:

30, 10 ¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

30, 11 ¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!

30, 12 Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegrí

30, 13 mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

 

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SALMO 31

Oración en la prueba

31, 1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

31, 2 En ti, Yahveh, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,

31, 3 tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;

31, 4 pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.

31, 5 Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;

31, 6 en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahveh, me rescatas. Dios de verdad,

31, 7 tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:

31, 8 ¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,

31, 9 no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.

31, 10 Tenme piedad, Yahveh, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.

31, 11 Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.

31, 12 De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;

31, 13 dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.

31, 14 Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.

31, 15 Mas yo confío en ti, Yahveh, me digo: «¡Tú eres mi Dios!»

31, 16 Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;

31, 17 haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!

31, 18 Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,

31, 19 enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!

31, 20 ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.

31, 21 Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.

31, 22 ¡Bendito sea Yahveh que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!

31, 23 ¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.

31, 24 Amad a Yahveh, todos sus amigos; a los fieles protege Yahveh, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.

31, 25 ¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahveh!

 

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SALMO 32

El reconocimiento del pecado obtiene el perdón

32, 1 De David. Poema.

¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!

32, 2 Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.

32, 3 Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día,

32, 4 mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío.

32, 5 Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado.

32, 6 Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán.

32, 7 Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme.

32, 8 Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero.

32, 9 No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan.

32, 10 Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahveh el amor le envuelve.

32, 11 ¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

 

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SALMO 33

Himno a la Providencia

33, 1 ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!, de los rectos es propia la alabanza;

33, 2 ¡dad gracias a Yahveh con la cítara, salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;

33, 3 cantadle un cantar nuevo, tocad la mejor música en la aclamación!

33, 4 Pues recta es la palabra de Yahveh, toda su obra fundada en la verdad;

33, 5 él ama la justicia y el derecho, del amor de Yahveh está llena la tierra.

33, 6 Por la palabra de Yahveh fueron hechos los cielos por el soplo de su boca toda su mesnada.

33, 7 El recoge, como un dique, las aguas del mar, en depósitos pone los abismos.

33, 8 ¡Tema a Yahveh la tierra entera, ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!

33, 9 Pues él habló y fue así, mandó él y se hizo.

33, 10 Yahveh frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos;

33, 11 mas el plan de Yahveh subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades.

33, 12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh, el pueblo que se escogió por heredad!

33, 13 Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán;

33, 14 desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra,

33, 15 él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.

33, 16 No queda a salvo el rey por su gran ejército, ni el bravo inmune por su enorme fuerza.

33, 17 Vana cosa el caballo para la victoria, ni con todo su vigor puede salvar.

33, 18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor,

33, 19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria.

33, 20 Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo;

33, 21 en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos.

33, 22 Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

 

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SALMO 34

Reconocimiento de la bondad de Dios

34, 1 De David. Cuando fingiéndose demente ante Abimélek, fue despachado por él y se marchó.

34, 2 Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza;

34, 3 en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!

34, 4 Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos.

34, 5 He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores.

34, 6 Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante.

34, 7 Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias.

34, 8 Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra.

34, 9 Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.

34, 10 Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada.

34, 11 Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.

34, 12 Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros.

34, 13 ¿Quién es el hombre que apetece la vida, deseoso de días para gozar de bienes?

34, 14 Guarda del mal tu lengua, tus labios de decir mentira;

34, 15 apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.

34, 16 Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor,

34, 17 el rostro de Yahveh contra los malhechores, para raer de la tierra su memoria.

34, 18 Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias;

34, 19 Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón; él salva a los espíritus hundidos.

34, 20 Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh;

34, 21 todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo.

34, 22 La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar.

34, 23 Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.

 

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SALMO 35

Súplica del justo perseguido

35, 1 De David.

Ataca, Yahveh, a los que me atacan, combate a quienes me combaten;

35, 2 embraza el escudo y el pavés, y álzate en mi socorro;

35, 3 blande la lanza y la pica contra mis perseguidores. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»

35, 4 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que andan buscando mi vida! ¡Vuelvan atrás y queden confundidos los que mi mal maquinan!

35, 5 ¡Sean lo mismo que la paja al viento, por el ángel de Yahveh acosados;

35, 6 sea su camino tiniebla y precipicio, perseguidos por el ángel de Yahveh!

35, 7 Pues sin causa me han tendido su red, han cavado una fosa para mí.

35, 8 ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se hunda!

35, 9 Y mi alma exultará en Yahveh, en su salvación se gozará.

35, 10 Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de su expoliador?

35, 11 Testigos falsos se levantan, sobre lo que ignoro me interrogan;

35, 12 me pagan mal por bien, ¡desolación para mi alma!

35, 13 Yo, en cambio, cuando eran ellos los enfermos, vestido de sayal, me humillaba con ayuno, y en mi interior repetía mi oración;

35, 14 como por un amigo o un hermano iba y venía, como en duelo de una madre, sombrío me encorvaba.

35, 15 Ellos se ríen de mi caída, se reúnen, sí, se reúnen contra mí; extranjeros, que yo no conozco, desgarran sin descanso;

35, 16 si caigo, me rodean rechinando sus dientes contra mí.

35, 17 ¿Cuánto tiempo, Señor, te quedarás mirando? Recobra mi alma de sus garras, de los leones mi vida.

35, 18 Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un pueblo copioso.

35, 19 No se rían de mí, mis enemigos pérfidos, ni se guiñen sus ojos los que me odian sin razón.

35, 20 Pues no es de paz de lo que hablan a los pacíficos de la tierra; mascullan palabras de perfidia,

35, 21 abren bien grande su boca contra mí; dicen: «¡Ja, Ja, nuestros ojos lo han visto!»

35, 22 Tú lo has visto, Yahveh, no te quedes callado, Señor, no estés lejos de mí;

35, 23 despiértate, levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi Dios y Señor;

35, 24 júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh, ¡Dios mío, no se rían de mí!

35, 25 No digan en su corazón: «¡Ajá, lo que queríamos!» No digan: «¡Le hemos engullido!»

35, 26 ¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia los que a mi costa medran!

35, 27 Exulten y den gritos de júbilo los que en mi justicia se complacen, y digan sin cesar: «¡Grande es Yahveh, que en la paz de su siervo se complace!»

35, 28 Y tu justicia musitará mi lengua, todo el día tu alabanza.

 

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SALMO 36

Maldad del pecador y bondad de Dios.

36, 1 Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh. De David.

36, 2 Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos.

36, 3 Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa;

36, 4 las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien.

36, 5 Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.

36, 6 Oh Yahveh, en los cielos tu amor, hasta las nubes tu verdad;

36, 7 tu justicia, como los montes de Dios, tus juicios, como el hondo abismo.A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,

36, 8 oh Dios, ¡qué precioso tu amor!Por eso los hijos de Adán, a la sombra de tus alas se cobijan.

36, 9 Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas;

36, 10 en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.

36, 11 Guarda tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.

36, 12 ¡Que el pie del orgullo no me alcance, ni la mano de los impíos me avente!

36, 13 Ved cómo caen los agentes de mal, abatidos, no pueden levantarse.

 

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SALMO 37

Destino del justo y del impío.

37, 1 De David.

No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia.

37, 2 Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan.

37, 3 Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz,

37, 4 ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón.

37, 5 Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará;

37, 6 hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía.

37, 7 Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas.

37, 8 Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor;

37, 9 pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra.

37, 10 Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está;

37, 11 mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz.

37, 12 El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él;

37, 13 el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día.

37, 14 Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta;

37, 15 su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos.

37, 16 Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío;

37, 17 pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh.

37, 18 Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna;

37, 19 no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura.

37, 20 Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán.

37, 21 Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da;

37, 22 los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados.

37, 23 De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace;

37, 24 aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene.

37, 25 Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan.

37, 26 En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición.

37, 27 Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada;

37, 28 porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. = Ain. = Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada;

37, 29 los justos poseerán la tierra, y habitarán en ella para siempre.

37, 30 La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud;

37, 31 la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan.

37, 32 Espía el impío al justo, y busca darle muerte;

37, 33 en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado.

37, 34 Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás.

37, 35 He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Líbano;

37, 36 pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró.

37, 37 Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz;

37, 38 pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada.

37, 39 La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia;

37, 40 Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.

 

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SALMO 38

Súplica en la desgracia.

38, 1 Salmo De David. En memoria.

38, 2 Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.

38, 3 Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;

38, 4 nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.

38, 5 Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;

38, 6 mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;

38, 7 encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.

38, 8 Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;

38, 9 entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.

38, 10 Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.

38, 11 Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.

38, 12 Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;

38, 13 y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.

38, 14 Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;

38, 15 1sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.

38, 16 Que en ti, Yahveh, yo espero, tú responderás, Señor, Dios mío.

38, 17 He dicho: "! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!".

38, 18 Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.

38, 19 Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.

38, 20 Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,

38, 21 los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.

38, 22 ¡No me abandones, tú, Yahveh,Dios mío, no estés lejos de mí!

38, 23 Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

 

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SALMO 39

Pequeñez del hombre ante Dios.

39, 1 Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David.

39, 2 Yo me decía: "Guardaré mis caminos, sin pecar con mi lengua, pondré un freno en mi boca, mientras esté ante mí el impío."

39, 3 Enmudecí, quedé en silencio y calma: mas al ver su dicha se enconó mi tormento.

39, 4 Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego, y mi lengua llegó a hablar:

39, 5 "Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy.

39, 6 "Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue,

39, 7 nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá."

39, 8 Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar?En ti está mi esperanza.

39, 9 De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato.

39, 10 Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas.

39, 11 Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado.

39, 12 Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos.Un soplo sólo, todo hombre. = Pausa. "=

39, 13 Escucha mi súplica, Yahveh, presta oído a mi grito, no te hagas sordo a mis lágrimas.Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres.

39, 14 ¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!

 

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SALMO 40

Acción de gracias y petición de auxilio.

40, 1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

40, 2 En Yahveh puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

40, 3 Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso; asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.

40, 4 Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza.

40, 5 Dichoso el hombre aquel que en Yahveh pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.

40, 6 ¡Cuántas maravillas has hecho,Yahveh, Dios mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti!Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.

40, 7 Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni víctimas,

40, 8 dije entonces: Heme aquí, que vengo.Se me ha prescrito en el rollo del libro

40, 9 hacer tu voluntad.Oh Dios mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.

40, 10 He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahveh.

40, 11 No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón, he proclamado tu lealtad, tu salvación, no he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.

40, 12 Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí.Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.

40, 13 Pues desdichas me envuelven en número incontable.Mis culpas me dan caza, y no puedo ya ver; más numerosas son que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me desampara.

40, 14 ¡Dígnate, oh Yahveh, librarme,Yahveh, corre en mi ayuda!

40, 15 ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal!

40, 16 Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: "¡Ja, Ja!"

40, 17 ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan!Repitan sin cesar: "¡Grande es Yahveh!", los que aman tu salvación.

40, 18 Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Señor piensa en mí; tú, mi socorro y mi libertador, oh Dios mío, no tardes.

 

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SALMO 41

Oración de un enfermo abandonado.

41, 1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

41, 2 ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre!En día de desgracia le libera Yahveh;

41, 3 Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos;

41, 4 le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume.

41, 5 Yo he dicho: "Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!"

41, 6 Mis enemigos hablan mal contra mí: "¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?"

41, 7 Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera.

41, 8 A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja:

41, 9 Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.

41, 10 Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

41, 11 Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido;

41, 12 en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí;

41, 13 y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre.

41, 14 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!

 

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SALMO 42

Lamento del levita desterrado.

42, 1 Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré.

42, 2 Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios.

42, 3 Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?

42, 4 ¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?

42, 5 Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo.

42, 6 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí?Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y

42, 7 mi Dios!En mí mi alma desfallece. por eso te recuerdo desde la tierra del Jordán y los Hermones, a ti, montaña humilde.

42, 8 Abismo que llama al abismo, en el fragor de tus cataratas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí.

42, 9 De día mandaráYahveh su gracia, y el canto que me inspire por la noche será una oración al Dios de mi vida.

42, 10 Diré a Dios mi Roca: ¿Por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

42, 11 Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios?

42, 12 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí?Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

 

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SALMO 43

Hazme justicia, oh Dios.

43, 1 Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende contra esta gente sin amor; del hombre falso y fraudulento, líbrame.

43, 2 Tú el Dios de mi refugio: ¿por qué me has rechazado?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

43, 3 Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas.

43, 4 Y llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría.Y exultaré, te alabaré a la cítara, oh Dios, Dios mío.

43, 5 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí?Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

 

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SALMO 44

Elegía nacional.

44, 1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema.

44, 2 Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos,

44, 3 y con tu propia mano.Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos;

44, 4 no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas.

44, 5 Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob;

44, 6 por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.

44, 7 No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor;

44, 8 que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;

44, 9 en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. = Pausa. =

44, 10 Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas,

44, 11 nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer.

44, 12 Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado;

44, 13 vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio.

44, 14 De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes;

44, 15 mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos.

44, 16 Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante,

44, 17 bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza.

44, 18 Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.

44, 19 ¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,

44, 20 para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte!

44, 21 Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,

44, 22 ¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?

44, 23 Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata.

44, 24 ¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre!

44, 25 ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

44, 26 Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre.

44, 27 ¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!

 

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