LA BIBLIA CATÓLICA

ECLESIÁSTICO

 

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I. COLECCIÓN DE SENTENCIAS

Origen de la sabiduría.

1

1, 1 Toda sabiduría viene del Señor, y con él está por siempre.

1, 2 La arena de los mares, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, ¿quién los puede contar?

1, 3 La altura del cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo, ¿quién los alcanzará?

1, 4 Antes de todo estaba creada la Sabiduría, la inteligente prudencia desde la eternidad.

1, 5

1, 6 La raíz de la sabiduría ¿a quién fue revelada?, sus recursos, ¿quién los conoció?

1, 7

1, 8 Sólo uno hay sabio, en extremo temible, el que en su trono está sentado.

1, 9 El Señor mismo la creó, la vio y la contó y la derramó sobre todas sus obras,

1, 10 en toda carne conforme a su largueza, y se la dispensó a los que le aman.

El temor de Dios.

1, 11 Gloria es y orgullo el temor del Señor, contento y corona de júbilo.

1, 12 El temor del Señor recrea el corazón, da contento y recocijo y largos días.

1, 13 Para el que teme al Señor, todo irá bien al fin, en el día de su muerte se le bendecirá.

1, 14 Principio de la sabiduría es temer al Señor, fue creada en el seno materno juntamente con los fieles.

1, 15 Entre los hombres puso su nido, fundación eterna, y con su linaje se mantendrá fielmente.

1, 16 Plenitud de la sabiduría es temer al Señor, ella les embriaga de sus frutos.

1, 17 Toda su casa colma de cosas deseables, y de sus productos sus graneros.

1, 18 Corona de la sabiduría el temor del Señor, ella hace florecer paz y buena salud.

1, 19 (El la vio y la contó), ciencia y conocimiento inteligente hizo llover, y la gloria de los que la poseen exaltó.

1, 20 Raíz de la sabiduría es temer al Señor, sus ramas, los largos días.

1, 21

Paciencia y dominio de sí.

1, 22 No puede justificarse la pasión del injusto, que el impulso de su pasión le hace caer.

1, 23 Hasta su hora aguanta el que es paciente, mas después se le brinda contento.

1, 24 Hasta su hora oculta sus palabras, y entonces muchos labios prolamarán su inteligencia.

Sabiduría y rectitud.

1, 25 En los tesoros de la sabiduría están las máximas de la ciencia, mas abominación para el pecador es la piedad para con Dios.

1, 26 Si apeteces sabiduría, guarda los mandamientos, y el Señor te la dispensará.

1, 27 Pues sabiduría y enseñanza es el temor del Señor; su complacencia, la fidelidad y mansedumbre.

1, 28 No seas indócil al temor del Señor, ni te acerques a él con corazón partido.

1, 29 No seas hipócrita delante de los hombres, pon guardia a tus labios.

1, 30 No te exaltes a ti mismo, para no caer y acarrearte deshonra, porque el Señor revelaría tus secretos y en medio de la asamblea te echaría por tierra, por no haberte llegado al temor del Señor, porque tu corazón está lleno de fraude.

 

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El temor de Dios en la prueba.

2

2, 1 Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.

2, 2 Endereza tu corazón, manténte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad.

2, 3 Adhiérete a él, no te separes, para que seas exaltado en tus postrimerías.

2, 4 Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente.

2, 5 Porque en el fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el honor de la humillación.

2, 6 Confíate a él, y él, a su vez, te cuidará, endereza tus caminos y espera en él.

2, 7 Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia, y no os desviéis, para no caer.

2, 8 Los que teméis al Señor, confiaos a él, y no os faltará la recompensa.

2, 9 Los que teméis al Señor, esperad bienes, contento eterno y misericordia.

2, 10 Mirad a las generaciones de antaño y ved: ¿Quién se confió al Señor y quedó confundido? ¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado? ¿Quién le invocó y fue desatendido?

2, 11 Que el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la tribulación.

2, 12 ¡Ay de los corazones flacos y las manos caídas, del pecador que va por senda doble!

2, 13 ¡Ay del corazón caído, que no tiene confianza! por eso no será protegido.

2, 14 ¡Ay de vosotros que perdisteis el aguante! ¿Qué vais a hacer cuando el Señor os visite?

2, 15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras, los que le aman guardan sus caminos.

2, 16 Los que temen al Señor buscan su agrado, los que le aman quedan llenos de su Ley.

2, 17 Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan.

2, 18 Caeremos en manos del Señor y no en manos de los hombres, pues como es su grandeza, tal su misericordia.

 

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Deberes para con los padres.

3

3, 1 A mí que soy vuestro padre escuchadme, hijos, y obrad así para salvaros.

3, 2 Pues el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole.

3, 3 Quien honra a su padre expía sus pecados;

3, 4 como el que atesora es quien da gloria a su madre.

3, 5 Quien honra a su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será escuchado.

3, 6 Quien da gloria al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre:

3, 7 como a su Señor sirve a los que le engendraron.

3, 8 En obra y palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición.

3, 9 Pues la bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre destruye los cimientos.

3, 10 No te gloríes en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para ti.

3, 11 Pues la gloria del hombre procede de la honra de su padre, y baldón de los hijos es la madre en desdoro.

3, 12 Hijo, cuida de tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza.

3, 13 Aunque haya perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu vigor.

3, 14 Pues el servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en lugar de tus pecados.

3, 15 El día de tu tribulación se acordará El de ti; como hielo en buen tiempo, se disolverán tus pecados.

3, 16 Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre.

La humildad.

3, 17 Haz, hijo, tus obras con dulzura, así serás amado por el acepto a Dios.

3, 18 Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia.

3, 19

3, 20 Pues grande es el poderío del Señor, y por los humildes es glorificado.

3, 21 No busques lo que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar.

3, 22 Lo que se te encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto.

3, 23 En lo que excede a tus obras no te fatigues, pues más de lo que alcanza la inteligencia humana se te ha mostrado ya.

3, 24 Que a muchos descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos.

El orgullo.

3, 25

3, 26 El corazón obstinado en mal acaba, y el que ama el peligro caerá en él.

3, 27 El corazón obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado.

3, 28 Para la adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en él raíces.

3, 29 El corazón del prudente medita los enigmas. un oído que le escuche es el anhelo del sabio.

Caridad para con los pobres.

3, 30 El agua apaga el fuego llameante, la limosma perdona los pecados.

3, 31 Quien con favor responde prepara el porvenir, el día de su caída encontrará un apoyo.

 

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4

4, 1 Hijo, no prives al pobre del sustento, ni dejes en suspenso los ojos suplicantes.

4, 2 No entristezcas al que tiene hambre, no exasperes al hombre en su indigencia.

4, 3 No te ensañes con el corazón exasperado, no hagas esperar la dádiva al mendigo.

4, 4 No rechaces al suplicante atribulado, ni apartes tu rostro del pobre.

4, 5 No apartes del mendigo tus ojos, ni des a nadie ocasión de maldecirte.

4, 6 Pues si maldice en la amargura de su alma, su Hacedor escuchará su imprecación.

4, 7 Hazte querer de la asamblea, ante un grande baja tu cabeza.

4, 8 Inclina al pobre tus oídos, responde a su saludo de paz con dulzura.

4, 9 Arranca al oprimido de manos del opresor, y a la hora de juzgar no seas pusilánime.

4, 10 Sé para los huérfanos un padre, haz con su madre lo que hizo su marido. Y serás como un hijo del Altísimo; él te amará más que tu madre.

La sabiduría educadora.

4, 11 La sabiduría a sus hijos exalta, y cuida de los que la buscan.

4, 12 El que la ama, ama la vida, los que en su busca madrugan serán colmados de contento.

4, 13 El que la posee tendrá gloria en herencia, dondequiera que él entre, le bendecirá el Señor.

4, 14 Los que la sirven, rinden culto al Santo, a los que la aman, los ama el Señor.

4, 15 El que la escucha, juzgará a las naciones, el que la sigue, su tienda montará en seguro.

4, 16 Si se confía a ella, la poseerá en herencia, y su posteridad seguirá poseyéndola.

4, 17 Pues, al principio, le llevará por recovecos, miedo y pavor hará caer sobre él, con su disciplina le atormentará hasta que tenga confianza en su alma y le pondrá a prueba con sus preceptos,

4, 18 mas luego le volverá al camino recto, le regocijará y le revelará sus secretos.

4, 19 Que si él se descarría, le abandonará, y le dejará a merced de su propia caída.

Pudor y respeto humano.

4, 20 Ten en cuenta el momento y guárdate del mal, no te avergüences de ti mismo.

4, 21 Porque hay una vergüenza que conduce al pecado, y otra vergüenza hay que es gloria y gracia.

4, 22 No tengas miramientos en contra de ti mismo, y no mudes de color por tu caída.

4, 23 No contengas la palabra cuando pueda salvar, y no escondas tu sabiduría.

4, 24 Que la sabiduría se da a conocer en la palabra, y la educación en los discursos de la lengua.

4, 25 A la verdad no contradigas, mas ruborízate de no estar educado.

4, 26 No te avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río.

4, 27 No te aplanes ante el hombre insensato, ni tengas miramiento al poderoso.

4, 28 Hasta la muerte por la verdad combate, y el Señor Dios peleará por ti.

4, 29 No seas atrevido con tu lengua, ni perezoso y negligente en tus obras.

4, 30 No seas un león en tu casa y un corbade entre tus servidores.

4, 31 No sea tu mano abierta para recibir, y cerrada para dar.

 

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Riqueza y presunción.

5

5, 1 En tus riquezas no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.»

5, 2 No te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón.

5, 3 No digas: «¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará.

5, 4 No digas: «Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente.

5, 5 Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado.

5, 6 No digas: «Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor.

5, 7 No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo.

5, 8 No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad.

Firmeza y posesión de sí.

5, 9 No avientes a cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de lengua doble).

5, 10 Manténte firme en tu pensamiento, y sea una tu palabra.

5, 11 Sé pronto en escuchar, y tardo en responder.

5, 12 Si sabes alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca.

5, 13 Gloria y deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina.

5, 14 Que no se te llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble.

5, 15 Ni en lo grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.

 

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6

6, 1 Porque el mal nombre hereda confusión y oprobio; así el pecador de lengua doble.

6, 2 No te engrías en el capricho de tu alma, para que no sea desgarrada tu alma (como un toro)

6, 3 y tus hojas devores, y destruyas tus frutos, y te dejes a ti mismo como un tronco seco.

6, 4 El mal deseo pierde al que lo adquiere, hace de él irrisión del enemigo.

La amistad.

6, 5 La boca amable multiplica sus amigos, la lengua que habla bien multiplica las afabilidades.

6, 6 Sean muchos los que estén en paz contigo, mas para consejero, uno entre mil.

6, 7 Si te echas un amigo, échatelo probado, y no tengas prisa en confiarte a él.

6, 8 Porque hay amigo que lo es de ocasión, y no persevera en el día de tu angustia.

6, 9 Hay amigo que se vuelve enemigo, y descubrirá la disputa que te ocasiona oprobio.

6, 10 Hay amigo que comparte tu mesa, y no persevera en el día de tu angustia.

6, 11 Cuando te vaya bien, será como otro tú, y con tus servidores hablará francamente;

6, 12 mas si estás humillado, estará contra ti, y se hurtará de tu presencia.

6, 13 De tus enemigos apártate, y de tus amigos no te fíes.

6, 14 El amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro.

6, 15 El amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor.

6, 16 El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor le encontrarán.

6, 17 El que teme al Señor endereza su amistad, pues como él es, será su compañero.

El aprendizaje de la sabiduría.

6, 18 Hijo, desde tu juventud haz acopio de doctrina, y hasta encanecer encontrarás sabiduría.

6, 19 Como el labrador y el sembrador, trabájala, y cuenta con sus mejores frutos, que un poco te fatigarás en su cultivo, y bien pronto comerás de sus productos.

6, 20 Muy dura es para los ignorantes, no aguanta en ella el mentecato.

6, 21 Como piedra de toque pesa sobre él, no tardará en sacudírsela .

6, 22 Pues la sabiduría hace honor a su nombre, no se hace patente a muchos.

6, 23 Escucha, hijo, acoje mi criterio, y mi consejo no rechaces.

6, 24 Mete tus pies en sus anillas, y en su collar tu cuello.

6, 25 Encorva tu espalda y cárgala, no te rebeles contra sus cadenas.

6, 26 Con toda tu alma acércate de ella, y con toda tu fuerza guarda sus caminos.

6, 27 Rastréala, búscala, y se te dará a conocer, cuando la hayas asido, no la sueltes.

6, 28 Porque al fin hallarás en ella el descanso, y ella se te trocará en contento.

6, 29 Te serán sus anillas protección poderosa, y sus collares ornamento glorioso.

6, 30 Pues adorno de oro es su yugo, y sus cadenas cordones de jacinto.

6, 31 Como vestidura de gloria te la vestirás, te la ceñirás cual corona de júbilo.

6, 32 Si quieres, hijo, serás adoctrinado, si te aplicas bien, entenderás de todo.

6, 33 Si te gusta escuchar, aprenderás, si inclinas tu oído, serás sabio.

6, 34 Acude a la reunión de los ancianos; ¿que hay un sabio?, júntate a él.

6, 35 Anhela escuchar todo discurso que venga de Dios, que no se te escapen los proverbios agudos.

6, 36 Si ves un hombre prudente, madruga a seguirle, que gaste tu pie el umbral de su puerta.

6, 37 Medita en los preceptos del Señor, aplícate sin cesar a sus mandamientos. El mismo afirmará tu corazón, y se te dará la sabiduría que deseas.

 

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Consejos diversos.

7

7, 1 No hagas mal, y el mal no te dominará,

7, 2 sepárate del injusto, y él se alejará de ti.

7, 3 No siempres, hijo, en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más.

7, 4 No pidas al Señor la preeminencia, ni al rey silla de gloria.

7, 5 No te hagas el justo delante del Señor, ante el rey no te las des de sabio.

7, 6 No te empeñes en llegar a ser juez, no sea que no puedas extirpar la injusticia, o te dejes influir del poderoso, y pongas un tropiezo en tu entereza.

7, 7 No peques contra la asamblea de la ciudad, ni te rebajes a ti mismo ante el pueblo.

7, 8 En el pecado no te enredes dos veces, pues ni una sola quedarás impune.

7, 9 No digas: «Pondrá él sus ojos en la abundancia de mis dones, cuando se los presente al Dios Altísimo, los aceptará.»

7, 10 No seas en tu plegaria pusilánime, y hacer limosna no descuides.

7, 11 No te burles del hombre que vive en aflicción, porque el que humilla, también exalta.

7, 12 No trames mentira contra tu hermano ni hagas otro tanto con tu amigo.

7, 13 Propónte no decir mentira alguna, que persistir en ello no lleva a nada bueno.

7, 14 No seas hablador en la reunión de los ancianos, en tu plegaria no repitas palabras.

7, 15 No rehúyas el trabajo penoso, ni la labor del campo que creó el Altísimo.

7, 16 No te incluyas en el grupo de los pecadores, recuerda que la Cólera no se hará esperar.

7, 17 Humilla hondamente tu alma, que el castigo del impío es fuego y gusanos.

7, 18 No cambies un amigo por dinero, ni un hermano de veras por el oro de Ofir.

7, 19 No faltes a la mujer sabia y buena, que su gracia vale más que el oro.

7, 20 No maltrates al criado que trabaja fielmente, ni al jornalero que pone su empeño.

7, 21 Al criado prudente ame tu alma, y no le prives de la libertad.

Los hijos.

7, 22 ¿Tienes rebaños? Pásales revista; y si te dan ganancia, consérvalos.

7, 23 ¿Tienes hijos? Adoctrínalos, doblega su cerviz desde su juventud.

7, 24 ¿Tienes hijas? Cuídate de ellas, y no pongas ante ellas cara muy risueña.

7, 25 Casa a tu hija y habrás hecho una gran cosa, pero dásela a un hombre prudente.

7, 26 ¿Tienes una mujer que te gusta? No la despidas, pero si la aborreces, no te confíes a ella.

Los padres.

7, 27 Con todo tu corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre.

7, 28 Recuerda que por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?

Los sacerdotes.

7, 29 Con toda tu alma reverencia al Señor, y venera a sus sacerdotes.

7, 30 Con todas tus fuerzas ama al que te hizo, y a sus ministros no abandones.

7, 31 Teme al Señor y honra el sacerdote, dale su porción como te está prescrito: primicias, sacrificios de reparación, pierna de las ofrendas, oblación de santidad y primicias de las cosas sagradas.

Los pobres y los aflijidos.

7, 32 También al pobre tiéndele tu mano, para que tu bendición sea perfecta.

7, 33 La gracia de tu dádiva llegue a todo viviente, ni siquiera a los muertos les rehúses tu gracia.

7, 34 No te rezagues ante los que lloran, y con los afligidos muéstrate afligido.

7, 35 No descuides visitar al enfermo, que por obras de éstas ganarás amor.

7, 36 En todas tus acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado.

 

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Prudencia y reflexión.

8

8, 1 No disputes con hombre poderoso, no sea que caigas en sus manos.

8, 2 No discutas con hombre rico, no sea que te venza con su peso. Porque a muchos perdió el oro, hasta los corazones de los reyes descarrió.

8, 3 No disputes con hombre charlatán, no eches más leña a su fuego.

8, 4 No bromees con el ineducado, para que tus mayores no queden en deshonra.

8, 5 No reproches al hombre que se vuelve del pecado, recuerda que culpables somos todos.

8, 6 No deshonres al hombre en su vejez, que entre nosotros también se llega a viejos.

8, 7 No te alegres de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos.

La tradición.

8, 8 No dedeñes lo que narran los sabios, vuelve a menudo a sus proverbios, que de ellos aprenderás doctrina y el modo de servir a los grandes.

8, 9 No desprecies lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres; pues de ellos aprenderás prudencia y a dar respuesta en el momento justo.

La prudencia.

8, 10 No enciendas los carbones del pecador, no sea que te abrases en el fuego de su llama.

8, 11 No te encares con el insolente, para que no sea como trampa tendida a tu boca.

8, 12 No prestes al que puede más que tú; si prestas, dalo por perdido.

8, 13 No salgas fiador por encima de tus medios; si lo haces, date por deudor.

8, 14 No entres en pleito con un juez, que por su dignidad fallarán en su favor.

8, 15 Con el osado no te pongas en camino, para que no te agote, pues él procederá a su antojo, y por su locura te perderás con él.

8, 16 Con el colérico no entres en pelea, ni te adentres con él en el desierto, porque a sus ojos nada es la sangre, y donde no haya quien te auxilie se echará sobre ti.

8, 17 No le pidas consejo al insensato, pues no podrá mantenerlo en silencio.

8, 18 Delante de un extraño no hagas cosa secreta, pues no sabes qué inventará después.

8, 19 No abras tu corazón a todo el mundo, pues no te han de compensar con gracia alguna.

 

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Las mujeres.

9

9, 1 No tengas celos de tu propia mujer, para no enseñarle a hacerte mal.

9, 2 No te entregues del todo a tu mujer, no sea que te llegue a dominar.

9, 3 No vayas al encuentro de una mujer prostituta, no sea que caigas en sus redes.

9, 4 Con cantadora no frecuentes el trato, para no quedar prendido en sus enredos.

9, 5 No te quedes mirando a doncella, para que no incurras en su propio castigo.

9, 6 A prostitutas no te entregues, para no perder tu herencia.

9, 7 No andes fisgando por los calles de la ciudad, ni divagues por sus sitios solitarios.

9, 8 Aparta tu ojo de mujer hermosa, no te quedes mirando la belleza ajena. Por la belleza de la mujer se perdieron muchos, junto a ella el amor se inflama como fuego.

9, 9 Junto a mujer casada no te sientes jamás, a la mesa con ella no te huelgues con vino, para que tu corazón no se desvíe hacia ella y en tu ímpetu te deslices a la ruina.

Relaciones con los hombres.

9, 10 No abandones a un viejo amigo, porque el nuevo no le iguala. Vino nuevo, amigo nuevo, cuando sea añejo, con placer lo beberás.

9, 11 No envidies la gloria del pecador, pues no sabes cómo se le volverá la fortuna.

9, 12 No asientas al éxito de los impíos, recuerda que no quedarán hasta el seol impunes.

9, 13 Ponte lejos del hombre que es capaz de matar, y no experimentarás miedo a la muerte. Si te acercas a él, no te descuides, para que no te quite la vida. Date cuenta de que pasas entre lazos y que caminas sobre el muro de la ciudad.

9, 14 Cuando puedas acude a tu prójimo, y con los sabios aconséjate.

9, 15 Con los inteligentes ten conversación, y tus charlas versen sobre la Ley del Altísimo.

9, 16 Varones justos sean tus comensales, y en el temor del Señor esté tu orgullo.

9, 17 Por la mano del artista la obra es alabada, y el jefe del pueblo aparece sabio en su palabra.

9, 18 Temible en su ciudad el hombre charlatán, el desmedido por su lenguaje se hace odioso.

 

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El gobierno.

10

10, 1 El juez sabio adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada.

10, 2 Según el juez del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes.

10, 3 El rey sin instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia de los dirigentes.

10, 4 En manos del Señor está el gobierno de la tierra, a su tiempo suscita para ella al que conviene.

10, 5 En manos del Señor el recto camino del hombre, él pone su gloria en el escriba.

Contra el orgullo.

10, 6 Sea cual fuere su agravio, no guardes rencor al prójimo, y no hagas nada en un arrebato de violencia.

10, 7 Odioso es al Señor y a los hombres el orgullo, para ambos es un yerro la injusticia.

10, 8 La soberanía pasa de una nación a otra, por las injusticias, las violencias y el dinero.

10, 9 ¿Por qué se enorgullece el que es tierra y ceniza? ¡si ya en vida es su vientre podredumbre!

10, 10 La larga enfermedad deja perplejo al médico, y el que hoy es rey fenecerá mañana.

10, 11 Y cuando un hombre muere, recibe como herencia reptiles, fieras y gusanos.

10, 12 El comienzo del orgullo del hombre es alejarse del Señor, cuando de su Hacedor se apartó su corazón.

10, 13 Que el comienzo del orgullo es el pecado, el que se agarra a él vierte abominación. Por eso les dio el Señor asombrosos castigos, y les abatió hasta aniquilarlos.

10, 14 Los tronos de los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos.

10, 15 Las raíces de los orgullosos las arrancó el Señor, y en su lugar plantó a los humildes.

10, 16 Las comarcas de las naciones las arrasó el Señor, y las destruyó hasta los cimientos de la tierra.

10, 17 Tomó algunos de ellos y los destruyó, y borró de la tierra su recuerdo.

10, 18 No se ha hecho para los hombres el orgullo, ni el furor de la ira para los nacidos de mujer.

Los dignos de honor.

10, 19 ¿Qué raza es honorable? La del hombre. ¿Qué raza es honorable? Los que temen al Señor. ¿Qué raza es despreciable? La del hombre. ¿Qué raza es despreciable? Los que violan sus mandatos.

10, 20 En medio de sus hermanos es honorable el jefe, y los que temen al Señor, a los ojos de él.

10, 21

10, 22 Sean ricos, llenos de gloria o pobres, su orgullo es el temor del Señor.

10, 23 No es justo despreciar al pobre inteligente, ni procede glorificar al pecador.

10, 24 Grande, juez y poderoso reciben honores, mas no hay mayor entre ellos que el que teme al Señor.

10, 25 Al siervo sabio los hombres libres sirven, y el hombre de saber no lo critica.

Humildad y verdad.

10, 26 No te hagas el sabio cuando cumples tu obra, no te gloríes en el momento de tu aprieto.

10, 27 Más vale el que trabaja y le sobra de todo que el que anda gloriándose y carece de pan.

10, 28 Hijo, gloríate con moderación, y estímate en lo que vales.

10, 29 Al que peca contra sí mismo, ¿quién le justificará? ¿quién apreciará al que desprecia su vida?

10, 30 El pobre es honrado por su saber, y el rico lo es por su riqueza.

10, 31 Quien es estimado en la pobreza, ¡cuánto más en la riqueza! quien es despreciado en la riqueza, ¡cuánto más en la pobreza!

 

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No fiarse de las apariencias.

11

11, 1 La sabiduría del humilde le hace erguir la cabeza, y le da asiento entre los grandes.

11, 2 No alabes nunca a un hombre por su buen parecer, ni abomines de nadie por su aspecto.

11, 3 Pequeña entre los que vuelan es la abeja, mas lo que ella elabora es lo más dulce.

11, 4 No te gloríes del manto que te envuelve, el día de la gloria no te engrías; pues admirables son las obras del Señor, pero están ocultas a los hombres.

11, 5 Muchos tiranos se sentaron en el suelo, y un desconocido se puso la diadema.

11, 6 Muchos poderosos fueron muy deshonrados, y hombres ilustres entregados a otras manos.

Reflexión y comedimiento.

11, 7 Sin haberte informado no reprendas, reflexiona primero y haz luego tu reproche.

11, 8 Sin haber escuchado no respondas ni interrumpas en medio del discuro.

11, 9 Por lo que no te incumbe no discutas, y en las contiendas de los pecadores no te mezcles.

11, 10 Hijo, no te metas en múltiples asuntos, si los multiplicas no saldrás bien parado; aunque los persigas no los alcanzarás ni podrás escapar aunque quieras huir.

11, 11 Hay quien se agota, se fatiga y se apresura, y cuanto más, más tarde llega.

Confianza sólo en Dios.

11, 12 Hay quien es débil, necesitado de apoyo, falto de bienes y sobrado de pobreza, mas los ojos del Señor le miran para bien, él le recobra de su humillación.

11, 13 Levanta su cabeza, y por él se admiran muchos.

11, 14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.

11, 15

11, 16

11, 17 El don del Señor con los piadosos permanece, y su complacencia les lleva por buen camino para siempre.

11, 18 Hay quien se hace rico a fuerza de engaño y avaricia, y esta es la parte de su recompensa:

11, 19 cuando dice: «Ya he logrado reposo, ahora voy a comer de mis bienes», no sabe qué tiempo va a venir, morirá y se lo dejará a otros.

11, 20 Manténte en tu quehacer y conságrate a él, en tu tarea envejece.

11, 21 No te admires de las obras del pecador, confía en el Señor y en tu esfuerzo persevera. Que es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de golpe al indigente.

11, 22 La bendición del Señor es la recompensa del piadoso, y en un instante hace florecer su bendición.

11, 23 No digas: «¿De qué he menester? o ¿qué bienes me vendrán todavía?»

11, 24 No digas: «Tengo bastante con ellos, ¿qué mal puede alcanzarme ahora?»

11, 25 Día de bienes, olvido de males, día de males, olvido de bienes.

11, 26 Que es fácil al Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su proceder.

11, 27 El mal de una hora el placer hace olvidar, al final del hombre se descubren sus obras.

11, 28 Antes del fin no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre.

Desconfiar del malo.

11, 29 No metas a cualquiera en tu casa, que son muchos los lazos del taimado.

11, 30 Perdiz cautiva en su jaula, tal es el corazón del orgulloso, como el espía acecha tu caída.

11, 31 Cambiando el bien por el mal, está al acecho, y a las cosas más limpias pone mancha.

11, 32 Con una chispa se enciende un brasero, así el pecador tiende lazos en busca de sangre.

11, 33 Guárdate del malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre.

11, 34 Mete en casa al extraño, y te traerá el desorden, te hará extraño a tu propia familia.

 

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Los beneficios.

12

12, 1 Si haces el bien, mira a quién lo haces, y por tus beneficios recibirás favor.

12, 2 Haz bien al piadoso; hallarás recompensa, si no de él, al menos del Altísimo.

12, 3 No habrá bienes para el que en mal persiste, ni para quien no agradece la limosna.

12, 4 Da al hombre piadoso, y del pecador no te cuides.

12, 5 Haz bien al humilde y no des al impío; niégale su pan, no se lo des, para que no llegue con ello a dominarte. Pues un mal duplicado encontrarías por todos los bienes que le hubieres hecho.

12, 6 Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza.

12, 7 Da al hombre de bien, y del pecador no te cuides.

Verdaderos y falsos amigos.

12, 8 No se demuestra en la prosperidad el amigo, ni queda oculto en la adversidad el enemigo.

12, 9 Cuando hay prosperidad, los enemigos se entristecen, mas en la adversidad, hasta el amigo se aleja.

12, 10 No confíes jamás en tu enemigo, que cual bronce roñoso, así es su maldad.

12, 11 Aunque se haga el humilde y camine encorvado, mira por ti mismo y guárdate de él. Pórtate con él como el que pule un espejo, sábete que no retendrá hasta el fin su roña.

12, 12 No le pongas junto a ti, no sea que se te revuelva y suplante tu puesto. No le sientes a tu diestra, no sea que tu asiento pretenda, y que al fin comprendas mis palabras, y te pese al recordar mis consejos.

12, 13 ¿Quién se compadecerá del encantador mordido de serpiente y de todos los que se acercan a las fieras?

12, 14 Lo mismo le ocurre al que convive con el pecador y comparte sus pecados.

12, 15 Una hora aguantará contigo, mas si te desmandas, no lo soportará.

12, 16 En sus labios pone dulzura el enemigo, mas en su corazón trama arrojarte a la fosa. En sus ojos lagrimea el enemigo, mas si topa ocasión, no se verá harto de tu sangre.

12, 17 Si los males te visitan, primero que tú le encontrarás allí, fingiendo ayurdarte te agarrará el talón.

12, 18 Meneará su cabeza, batirá palmas, cuchicheará mucho y mudará de cara.

 

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Frecuentar a los iguales.

13

13, 1 El que toca la pez, se mancha, el que convive con el orgulloso, se hará como él.

13, 2 No tomes sobre ti carga pesada, con el más fuerte y rico que tú no convivas. ¿Por qué juntar cántaro con caldero? Este le chocará y aquél se romperá.

13, 3 El rico agravia y encima se envalentona, el pobre es agraviado y encima ha de excusarse.

13, 4 Si le eres útil, se servirá de ti, si eres torpe, te abandonará.

13, 5 Si tienes algo, vivirá contigo, y te despojará sin fatigarse él.

13, 6 ¿Ha menester de ti? Tratará de engañarte, te sonreirá y te dará esperanzas; buenas palabras te dará y dirá: «¿Qué te hace falta?»

13, 7 Te avergonzará en sus festines, hasta despojarte dos, tres veces, y para terminar se burlará de ti. Después, si te ve, te dejará a un lado, y meneará la cabeza ante ti.

13, 8 Guárdate de dejarte engañar, y de ser humillado por estúpido.

13, 9 Cuando te llame un poderoso, quédate a distancia, que tanto más te llamará.

13, 10 No te presentes por ti mismo, no sea que te rechace, ni te quedes muy lejos, para no pasar inadvertido.

13, 11 No pretendas hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras. Que con su mucho hablar te pondrá a prueba, como quien pasa el rato, te examinará.

13, 12 Despiadado es quien no guarda tus palabras, no te ahorrará ni golpes ni cadenas.

13, 13 Observa y ponte bien en guardia, porque caminas junto a tu propia ruina.

13, 14

13, 15 Todo viviente ama a su semejante, y todo hombre a su prójimo.

13, 16 Todo animal según su especie se une, a su semejante se adhiere el hombre.

13, 17 ¿Cómo podrá convivir lobo con cordero? Así el pecador con el piadoso.

13, 18 ¿Qué paz puede tener la hiena con el perro? ¿qué paz el rico con el indigente?

13, 19 Caza de leones son los onagros en el desierto, así los pobres son presa de los ricos.

13, 20 Abonimación para el orgulloso es la humilidad, así para el rico es abominación el pobre.

13, 21 El rico que vacila es sostenido por sus amigos, al humilde que cae sus amigos le rechazan.

13, 22 Cuando el rico resbala, muchos le toman en sus brazos, dice estupideces, y le justifican; resbala el humilde, y se le hacen reproches, dice cosas sensatas, y no se le hace caso.

13, 23 Habla el rico, y todos se callan, y exaltan su palabra hasta las nubes. Habla el pobre y dicen: «¿Quién es éste?» y si se equivoca, se le echa por tierra.

13, 24 Buena es la riqueza en la que no hay pecado, mala la pobreza al decir del impío.

13, 25 El corazón del hombre modela su rostro tanto hacia el bien como hacia el mal.

 

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La verdadera felicidad.

14

14, 1 Feliz el hombre que no se ha deslizado con su boca, ni sufre tormento por la tristeza del pecado.

14, 2 Feliz aquel a quien su conciencia no reprocha, y que no queda corrido en su esperanza.

Envidia y avaricia.

14, 3 Para el hombre mezquino no es buena la riqueza, para el envidioso, ¿de qué sirve el dinero?

14, 4 Quien amontona a expensas de sí mismo, para otros amontona, con sus bienes se regalarán otros.

14, 5 El que es malo para sí, ¿para quién será bueno? No logrará contento en medio de sus tesoros.

14, 6 Nadie peor que el que se tortura a sí mismo, esa es la paga de su maldad.

14, 7 Aun si llega a hacer el bien, lo hace por descuido, al final dejará ver su maldad.

14, 8 Malo es el de ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás.

14, 9 El ojo del avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma.

14, 10 El ojo malo se alampa por el pan, hambriento está en su propia mesa.

14, 11 Hijo, trátate bien, conforme a lo que tengas, y presenta dignamente tus ofrendas al Señor.

14, 12 Recuerda que la muerte no se tardará, y que el pacto del seol no se te ha revelado.

14, 13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo, según tus medios dale con largueza.

14, 14 No te prives de pasarte un buen día, no se te escape la posesión de un deseo legítimo.

14, 15 ¿No dejarás a otro el fruto de tus trabajos y el de tus fatigas, para que a suertes se reparta?

14, 16 Da y recibe, y recrea tu alma, que en el seol no se puede esperar buena vida.

14, 17 Toda carne como un vestido envejece, pues ley eterna es: hay que morir.

14, 18 Lo mismo que las hojas sobre árbol tupido, que unas caen y otras brotan, así la generación de carne y sangre: una muere y otra nace.

14, 19 Toda obra corruptible desaparece, y su autor se irá con ella.

Felicidad del sabio.

14, 20 Feliz el hombre que se ejercita en la sabiduría, y que en su inteligencia reflexiona,

14, 21 que medita sus caminos en su corazón, y sus secretos considera.

14, 22 Sale en su busca como el que sigue el rastro, y en sus caminos se pone al acecho.

14, 23 Se asoma a sus ventanas, y a sus puertas escucha.

14, 24 Acampa muy cerca de su casa, y clava la clavija en sus muros.

14, 25 Monta su tienda junto a ella, y se alberga en su albergue dichoso.

14, 26 Pone sus hijos a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija.

14, 27 Por ella es protegido del calor, y en su gloria se alberga.

 

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15

15, 1 Así hace el que teme al Señor, el que abraza la Ley logra sabiduría.

15, 2 Como una madre le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa virgen.

15, 3 Le alimenta con pan de inteligencia, el agua de la sabiduría le da a beber.

15, 4 Se apoya él en ella y no se dobla, a ella se adhiere y no queda confundido.

15, 5 Ella le exalta por encima de sus prójimos, en medio de la asamblea le abre la boca.

15, 6 Contento y corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia recibe.

15, 7 Jamás la lograrán los insensatos, los pecadores nunca la verán.

15, 8 Lejos está del orgullo, los mentirosos no se acuerdan de ella.

15, 9 No cabe la alabanza en boca del pecador, porque no le viene del Señor.

15, 10 Que en la sabiduría se expresa la alabanza, y el Señor la guía por buen camino.

La libertad humana.

15, 11 No digas: «Por el Señor me he apartado», que lo que él destesta, no lo hace.

15, 12 No digas: «El me ha extraviado», pues él no ha menester del pecador.

15, 13 Toda abominación odia el Señor, tampoco la aman los que le temen a él.

15, 14 El fue quien al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío.

15, 15 Si tú quieres, guardarás los mandamientos, para permanecer fiel a su beneplácito.

15, 16 El te ha puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano.

15, 17 Ante los hombres la vida está y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dará.

15, 18 Que grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder, todo lo ve.

15, 19 Sus ojos están sobre los que le temen, él conoce todas las obras del hombre.

15, 20 A nadie ha mandado ser impío, a nadie ha dado licencia de pecar.

 

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Maldición de los impíos.

16

16, 1 No desees multitud de hijos malvados, no te goces en tener hijos impíos.

16, 2 Aunque sean muchos, no te goces en ellos, si con ellos no se halla el temor del Señor.

16, 3 No pongas en su vida tu confianza, ni te creas seguro por ser muchos, que más vale uno que mil, y morir sin hijos que tener hijos impíos.

16, 4 Pues uno solo inteligente poblará una ciudad mas la raza de los sin ley quedará despoblada.

16, 5 Muchas cosas así han visto mis ojos, y más graves aún oyeron mis oídos.

16, 6 En la reunión de los pecadores prende el fuego, contra la nación rebelde se inflama la Cólera.

16, 7 No perdonó él a los antiguos gigantes que se rebelaron fiados de su fuerza.

16, 8 No pasó por alto al vecindario de Lot, a los que abominaba por su orgullo.

16, 9 No se apiadó de la nación perdida, de los que estaban engreídos en sus pecados.

16, 10 Igual trató a los seiscientos mil de a pie que se habían unido en la dureza de su corazón.

16, 11 Aunque fuera uno solo el de dura cerviz, sería asombroso que quedara impune. Pues misericordia e ira están con El, tan poderoso en perdón como pródigo en ira.

16, 12 Tan grande como su misericordia es su severidad, según sus obras juzga al hombre.

16, 13 No escapará el pecador con su rapiña, ni quedará fallida la paciencia del piadoso.

16, 14 Para toda limosna tiene él un sitio, cada cual hallará según sus obras.

16, 15

16, 16

Retribución segura.

16, 17 No digas: «Del Señor me esconderé, y ¿quién allá arriba se acordará de mí? Entre la gran muchedumbre no seré reconocido, pues ¿qué soy yo en la inmensa creación?»

16, 18 Mira, el cielo, y el cielo de los cielos, el abismo y la tierra serán sacudidos a la hora de su visita.

16, 19 A una los montes y los cimientos de la tierra bajo su mirada temblarán de espanto.

16, 20 Mas en todo esto no piensa el corazón del hombre, y en sus caminos, ¿quién repara?

16, 21 Hay tempestad que no ve el hombre, y la mayoría de sus obras se hacen en secreto.

16, 22 «Las obras de la justicia, ¿quién las anuncia? ¿quién las aguarda? ¡Pues la alianza está lejos!»

16, 23 Esto piensa el ruin de corazón; el estúpido, el perdido, sólo piensa necedades.

El hombre en la creación.

16, 24 Escúchame, hijo, y el saber aprende, aplica tu corazón a mis palabras.

16, 25 Con mesura te revelaré la doctrina, con precisión anunciaré el saber.

16, 26 Cuando creó el Señor sus obras desde el principio, desde que las hizo les asignó su puesto.

16, 27 Ordenó para la eternidad sus obras, desde sus comienzos por todas sus edades. Ni tienen hambre ni se cansan, y eso que no abandonan su tarea.

16, 28 Ninguna choca con otra, jamás desobedecen su palabra.

16, 29 Después de esto el Señor miró a la tierra, y de sus bienes la colmó.

16, 30 De todo ser viviente cubrió su faz, y a ella vuelven todos.

 

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17

17, 1 De la tierra creó el Señor al hombre, y de nuevo le hizo volver a ella.

17, 2 Días contados le dio y tiempo fijo, y dioles también poder sobre las cosas de la tierra.

17, 3 De una fuerza como la suya los revistió, a su imagen los hizo.

17, 4 Sobre toda carne impuso su temor para que dominara a fieras y volátiles.

17, 5

17, 6 Les formó lengua, ojos, oídos, y un corazón para pensar.

17, 7 De saber e inteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal.

17, 8 Puso su ojo en sus corazones, para mostrarles la grandeza de sus obras.

17, 9

17, 10 Por eso su santo nombre alabarán, contando la grandeza de sus obras.

17, 11 Aun les añadió el saber, la ley de vida dioles en herencia.

17, 12 Alianza eterna estableció con ellos, y sus juicios les enseñó.

17, 13 Los ojos de ellos vieron la grandeza de su gloria, la gloria de su voz oyeron sus oídos.

17, 14 Y les dijo: «Guardaos de toda iniquidad», y a cada cual le dio órdenes respecto de su prójimo.

El juez divino.

17, 15 Sus caminos están ante él en todo tiempo, no se ocultan a sus ojos.

17, 16

17, 17 A cada nación asignó un jefe, mas la porción del Señor es Israel.

17, 18

17, 19 Todas sus obras están ante él, igual que el sol, e incesantes sus ojos sobre sus caminos.

17, 20 No se le ocultan sus iniquidades, todos sus pecados están ante el Señor.

17, 21

17, 22 La limosna del hombre es como un sello para él, el favor del hombre lo guarda como la pupila de sus ojos.

17, 23 Después se levantará y les retribuirá, sobre su cabeza pondrá su recompensa.

17, 24 Pero a los que se arrepienten les concede retorno, y consuela a los que perdieron la esperanza.

Invitación a la penitencia.

17, 25 Conviértete al Señor y deja tus pecados, suplica ante su faz y quita los obstáculos.

17, 26 Vuélvete al Altísimo y apártate de la injusticia, odia con toda el alma la abominación.

17, 27 ¿Quién en el seol alabará al Altísimo si los vivientes no le dan gloria?

17, 28 No hay alabanza que venga de muerto, como de quien no existe; es el que vive y goza de salud quien alaba al Señor.

17, 29 ¡Qué grande es la misericordia del Señor, y su perdón para los que a él se convierten!

17, 30 Pues no todo puede estar en poder de los hombres, que no es inmortal el hijo de hombre.

17, 31 ¿Qué hay más luminoso que el sol? Con todo, desaparece. Mas la carne y la sangre sólo el mal conciben.

17, 32 Al ejército de lo alto de los cielos pasa él revista, pero polvo y ceniza son los hombres.

 

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Grandeza de Dios.

18

18, 1 El que vive eternamente lo creó todo por igual,

18, 2 sólo el Señor será llamado justo.

18, 3

18, 4 A nadie dio poder de proclamar sus obras, pues ¿quién podrá rastrear sus maravillas?

18, 5 El poder de su majestad, ¿quién lo calculará? ¿quién pretenderá contar sus misericordias?

18, 6 Nada hay que quitar, nada que añadir, y no se pueden rastrear las maravillas del Señor.

18, 7 Cuando el hombre cree acabar, comienza entonces, cuando se para, se queda perplejo.

La nada del hombre.

18, 8 ¿Qué es el hombre? ¿para qué sirve? ¿cuál es su bien y cuál su mal?

18, 9 El número de los días del hombre mucho será si llega a los cien años.

18, 10 Como gota de agua del mar, como grano de arena, tan pocos son sus años frente a la eternidad.

18, 11 Por eso el Señor es paciente con ellos, y derrama sobre ellos su misericordia.

18, 12 El ve y sabe que su fin es miserable, por eso multiplica su perdón.

18, 13 La misericordia del hombre sólo alcanza a su prójimo, la misericorida del Señor abarca a todo el mundo. El reprende, adoctrina y enseña, y hace volver, como un pastor, a su rebaño.

18, 14 Tiene piedad de los que acogen la instrucción, y de los que se afanan por sus juicios.

El modo de dar.

18, 15 Hijo, con tus beneficios no mezcles el reproche ni a tus regalos juntes palabras tristes.

18, 16 ¿No aplaca el rocío el viento ardiente? Así vale más la palabra que el regalo.

18, 17 ¿No ves que la palabra es más que un buen presente? Pues el hombre dadivoso une los dos.

18, 18 El necio aun sin dar hace afrenta, quema los ojos el don del envidioso.

Reflexión y previsión.

18, 19 Antes de hablar infórmate, cuídate antes de estar enfermo.

18, 20 Antes de juzgar examínate a ti mismo, y en el día de la visita encontrarás perdón.

18, 21 Antes de estar enfermo humíllate, cuando peques muestra arrepentimiento.

18, 22 Nada te impida cumplir tu voto en el momento dado, no aguardes hasta la muerte para justificarte.

18, 23 Antes de hacer un voto prepárate; no seas como el hombre que tienta al Señor.

18, 24 Acuérdate de la ira de los últimos días, y del momento del castigo, cuando Dios vuelva su rostro.

18, 25 En tiempo de abundancia recuerda el tiempo de hambre, la pobreza y la penuria en días de riqueza.

18, 26 De la mañana a la tarde corre el tiempo, todo pasa presto delante del Señor.

18, 27 El hombre sabio es precavido en todo, en la ocasión de pecar se anda con cuidado.

18, 28 Todo hombre prudente conoce la sabiduría, al que la encuentra le da su parabién.

18, 29 Los prudentes en palabras hacen sabiduría y prodigan los proverbios acertados.

Dominio de sí mismo.

18, 30 No vayas detrás de tus pasiones, tus deseos refrena.

18, 31 Si te consientes en todos los deseos, te harás la irrisión de tus enemigos.

18, 32 No te complazcas en la buena vida, no te avengas a asociarte con ella.

18, 33 No te empobrezcas festejando con dinero prestado, cuando nada tienes en tu bolsa.

 

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19

19, 1 Un obrero bebedor nunca se enriquecerá, el que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco caerá.

19, 2 Vino y mujeres pervierten a los inteligentes, el que va a prostitutas es aún más temerario.

19, 3 De larvas y gusanos será herencia, el temerario perderá su vida.

Contra el hablar insolente.

19, 4 Quien se confía enseguida, ligero es de corazón, el que peca, a sí mismo se hace daño.

19, 5 El que se regodea en el mal será condenado,

19, 6 el que odia la verborrea escapará al mal.

19, 7 No repitas nunca lo que se dice, y en nada sufrirás menoscabo.

19, 8 Ni a amigo ni a enemigo cuentes nada, a menos que sea pecado para ti, no le descubras.

19, 9 Porque te escucharía y se guardaría de ti, y en la ocasión propicia te detestaría.

19, 10 ¿Has oído algo? ¡Quede muerto en ti! ¡Animo, no reventarás!

19, 11 Por una palabra oída ya está el necio en dolores, como por el hijo la mujer que da a luz.

19, 12 Una flecha clavada en el muslo, tal es la palabra en las entrañas del necio.

Comprobar lo que se oye decir.

19, 13 Interoga a tu amigo: quizá no haya hecho nada, y si acaso lo ha hecho, para que no reincida.

19, 14 Interroga a tu prójimo: quizá no ha dicho nada, y si acaso lo ha dicho, para que no repita.

19, 15 Interroga a tu amigo: que hay calumnia a menudo, no creas todo lo que se dice.

19, 16 A veces se resbala uno sin querer, y ¿quién no ha pecado con su lengua?

19, 17 Interroga a tu prójimo antes de amenazarle, y obedece a la ley del Altísimo.

19, 18

19, 19

Verdadera y falsa sabiduría.

19, 20 Toda sabiduría es temor del Señor, y en toda sabiduría se practica la ley.

19, 21

19, 22 Mas no es sabiduría el conocimiento del mal, no está en el consejo de los pecadores la prudencia.

19, 23 Hay un saberlo todo que es abominación, es estúpido el que carece de sabiduría.

19, 24 Más vale ser vacío de inteligencia y lleno de temor, que desbordar prudencia y traspasar la ley.

19, 25 Hay un saberlo todo que sirve a la injusticia, que para mantener el derecho usa de argucias.

19, 26 Hay malhechor que anda encorvado por el tedio, mas su interior está lleno de dolo:

19, 27 tapándose la cara, haciéndose el sordo, mientras no es reconocido te tomará la delantera.

19, 28 Si por su escasa fuerza no se atreve a pecar, en cuanto encuentre ocasión, se dará a hacer el mal.

19, 29 Por la mirada se reconoce al hombre, por el aspecto del rostro se reconoce al pensador.

19, 30 El atuendo del hombre, la risa de sus dientes, su caminar revelan lo que es.

 

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Silencio y palabras.

20

20, 1 Hay reprensión intempestiva, y hay silencioso de verdad sensato.

20, 2 ¡Cuánto mejor reprender que estar airado!

20, 3 El que se acusa de su falta evita la pena.

20, 4 Como pasión de eunuco por desflorar a una moza, así el que ejecuta la justicia con violencia.

20, 5 Hay silencioso tenido por sabio, y quien se hace odioso por su verborrea.

20, 6 Hay quien se calla por no tener respuesta, y quien se calla porque sabe su hora.

20, 7 El sabio guarda silencio hasta su hora, mas el fanfarrón e insensato adelanta el momento.

20, 8 El desmedido en palabras se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso.

Paradojas.

20, 9 Hay quien encuentra fortuna en la desgracia, y hay suerte que acaba en postración.

20, 10 Hay dádiva que no te da provecho, y dádiva que recibe el doble.

20, 11 Hay postración causada por la gloria, y hay quien, desde la humillación, levanta la cabeza.

20, 12 Hay quien compra mucho con poco dinero, pero luego lo paga siete veces más caro.

20, 13 Por sus palabras se hace amable el sabio, mas los favores de los necios se malgastan.

20, 14 El don del insensato no te sirve de nada, porque sus ojos no son uno, son muchos;

20, 15 da poco y echa en cara mucho, y abre su boca como un pregonero; presta hoy y mañana reclama, es un hombre detestable este sujeto.

20, 16 Dice el necio: «No tengo ni un amigo, no hay gratitud para mis beneficios;

20, 17 los que comen mi pan tienen lengua insolente.» ¡Cuántos con frecuencia se ríen de él!

Sobre el hablar desacertado.

20, 18 Mejor es resbalar en empredado que resbalar con la lengua, así la caída de los malos llega de repente.

20, 19 Hombre sin gracia es cuento inoportuno por boca de ignorantes repetido.

20, 20 De boca de necio no se acepta el proverbio, pues jamás lo dice a su hora.

20, 21 Hay quien no puede pecar por indigencia: en su reposo no tendrá remordimiento.

20, 22 Hay quien se pierde a sí mismo por vergüenza, por respeto a un insensato se pierde.

20, 23 Hay quien por timidez hace promesas a su amigo, y así, por nada se gana un enemigo.

La mentira.

20, 24 Gran baldón para un hombre la mentira en boca de ignorantes repetida.

20, 25 Es preferible un ladrón que el que persiste en la mentira, aunque ambos heredarán la perdición.

20, 26 El hábito de mentiroso es una deshonra, su vergüenza le acompaña sin cesar.

Sobre la sabiduría.

20, 27 Por sus palabras el sabio se hace grande, y el hombre sensato a los grandes agrada.

20, 28 El que cultiva la tierra llena hasta arriba su granero, el que agrada a los grandes expía la injusticia.

20, 29 Presentes y regalos ciegan los ojos de los sabios, como bozal en boca ahogan los reproches.

20, 30 Sabiduría escondida y tesoro invisible, ¿qué provecho hay en ambos?

20, 31 Más vale hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría.

 

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Diferentes pecados.

21

21, 1 Hijo, ¿has pecado? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus pecados anteriores.

21, 2 Como de serpiente huye del pecado, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres.

21, 3 Como espada de dos filos es toda iniquidad, para su herida no hay remedio.

21, 4 El terror y la violencia arrasan la riqueza, así quedará arrasada la casa del orgulloso.

21, 5 La oración del pobre va de su boca a los oídos de Dios, y el juicio divino no se deja esperar.

21, 6 El que odia la reprensión sigue las huellas del pecador, el que teme al Señor se convierte en su corazón.

21, 7 De lejos se conoce al charlatán, y el hombre reflexivo le adivina los deslices.

21, 8 Quien edifica su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para su tumba.

21, 9 Estopa hacinada es la reunión de los sin ley, su meta es la llama de fuego.

21, 10 El camino de los pecadores está bien enlosado, pero a su término está la fosa del seol.

El sabio y el insensato.

21, 11 El que guarda la Ley controla sus ideas, la meta del temor del Señor es la sabiduría.

21, 12 No alcanzará doctrina quien no es habilidoso, pero no hay habilidades que llenan de amargura.

21, 13 La ciencia del sabio crecerá como una inundación, y su consejo será fuente de vida.

21, 14 El interior del necio es como un vaso roto, que no retiene ningún conocimiento.

21, 15 Si un hombre de saber oye palabra sabia, la elogia y otra suya añade. Si la oye el libertino, le desagrada y la echa detrás de sus espaldas.

21, 16 El relato del necio es como fardo en el camino, mas en los labios del inteligente se halla gracia.

21, 17 La boca del sensato es buscada en la asamblea, sus palabras se meditan de corazón.

21, 18 Como casa en ruinas, así la sabiduría del necio, el conocimiento del tonto, palabras incoherentes.

21, 19 Cadenas en los pies, es la educación para el mentecato, como esposas en su mano derecha.

21, 20 El necio, cuando ríe, lo hace a carcajadas, mas el hombre sensato apenas si sonríe.

21, 21 Adorno de oro es la educación para el sensato, como un brazalete en su brazo derecho.

21, 22 El pie del necio entra rápido en la casa, el hombre experimentado se presenta con modestia.

21, 23 Desde la puerta el insensato fisga el interior, el hombre bien educado queda afuera.

21, 24 Es falta de educación escuchar a la puerta, tal descortesía indigna al sensato.

21, 25 Los labios de los habladores repiten las palabras ajenas, mas las palabras de los prudentes se pesan en balanza.

21, 26 En la boca de los necios está su corazón, pero el corazón de los sabios es su boca.

21, 27 Cuando el impío maldice a Satanás, a sí mismo se maldice.

21, 28 El murmurador mancha su propia alma, y es detestado por el vecindario.

 

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El perezoso.

22

22, 1 A una piedra sucia se parece el perezoso, todo el mundo silba sobre su deshonra.

22, 2 Bola de excrementos es el perezoso, que todo el que la toca se sacude la mano.

Los hijos degenerados.

22, 3 Es vergüenza de un padre tener un hijo ineducado, pero la hija le nace ya para su confusión.

22, 4 Para la hija prudente la herencia es su marido, la desvergonzada es la tristeza de su progenitor.

22, 5 La hija insolente es la vergüenza del padre y del marido, y por los dos es despreciada.

22, 6 Música en duelo es un relato inoportuno, azotes y corrección son siempre sabiduría.

22, 7

22, 8

Sabiduría y locura.

22, 9 Como pegar cascotes es enseñar al necio, o despertar al que duerme con sueño pesado.

22, 10 Conversar con el necio es conversar con un dormido; al acabar dirá: «¿Qué estás diciendo?»

22, 11 Llora al muerto, pues la luz le abandonó, llora también al necio, porque dejó la inteligencia. Llora más suavemente al muerto, porque ya reposa, que la vida del necio es peor que la muerte.

22, 12 El duelo por un muerto dura siete días, por el necio y el impío, todos los días de su vida.

22, 13 Con el insensato no multipliques las palabras, con el tonto no vayas de camino; guárdate de él para evitar el aburrimiento, y para que su contacto no te manche. Apártate de él y encontrarás descanso, y no te enervarán sus arrebatos.

22, 14 ¿Qué hay más pesado que el plomo? ¿qué nombre dar a esto sino «necio»?

22, 15 Arena, sal, o una bola de hierro son más fáciles de llevar que el hombre tonto.

22, 16 El maderamen bien trabado de una casa ni por un terremoto es dislocado; así un corazón firme por reflexión madura, llegado el momento no se achica.

22, 17 Corazón apoyado en reflexión prudente es como revoque de arena en pared raspada.

22, 18 Estacas plantadas en altura no resisten al viento; así el corazón del necio, falto de reflexión, ante un miedo cualquiera no resiste.

La amistad.

22, 19 Quien hiere el ojo hace correr las lágrimas, quien hiere el corazón descubre el sentimiento.

22, 20 Quien tira una piedra a un pájaro, lo ahuyenta, quien afrenta al amigo, rompe la amistad.

22, 21 Si has sacado la espada contra tu amigo, no desesperes, que aún puede volver;

22, 22 si contra tu amigo has abierto la boca, no te inquietes, que aún cabe reconciliación, salvo caso de ultraje, altanería, revelación de secreto, golpe traidor, que ante esto se marcha todo amigo.

22, 23 Gana la confianza de tu prójimo en la pobreza, para que, en su prosperidad, con él te satisfagas; en tiempo de tribulación permanece con él, para que cuando herede con él lo compartas.

22, 24 Antes del fuego sale vapor del horno y humo, así las injurias preceden a la sangre.

22, 25 No me avergonzaré yo de proteger a un amigo, de su presencia no me esconderé;

22, 26 y si por su causa me ocurre algún mal, todo el que lo oiga se guardará de él.

Vigilancia.

22, 27 ¿Quién pondrá guardia a mi boca, y a mis labios sello de prudencia, para que no venga a caer por su culpa, y que mi lengua no me pierda?

 

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23

23, 1 Oh Señor, padre y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios, no permitas que por ellos caiga.

23, 2 ¿Quién aplicará el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores, ni pasen por alto mis pecados?

23, 3 No sea que mis yerros aumenten, y que abunden mis pecados, que caiga yo ante mis adversarios, y de mí se ría mi enemigo.

23, 4 Señor, padre y Dios de mi vida, no me des altanería de ojos,

23, 5 aparta de mí la pasión.

23, 6 Que el apetito sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues al deseo impúdico.

Los juramentos.

23, 7 La instrucción de mi boca escuchad, hijos, el que la guarda no caerá en el lazo.

23, 8 Por sus labios es atrapado el pecador, el maldiciente, el altanero, caen por ellos.

23, 9 Al juramento no acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo.

23, 10 Porque, igual que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado.

23, 11 Hombre muy jurador, lleno está de iniquidad, y no se apartará de su casa el látigo. Si se descuida, su pecado cae sobre él, si pasa por alto el juramento, doble es su pecado; y si jura en falso, no será justificado, que su casa se llenará de adversidades.

Las palabras impuras.

23, 12 Hay un lenguaje que equivale a la muerte, ¡que no se halle en la heredad de Jacob! Pues los piadosos rechazan todo esto, y en los pecados no se revuelcan.

23, 13 A la baja grosería no habitúes tu boca, porque hay en ella palabra de pecado.

23, 14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuanto te sientes en medio de los grandes, no sea que te olvides ante ellos, como un necio te conduzcas, y llegues a desear no haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.

23, 15 El hombre habituado a palabras ultrajantes no se corregirá en toda su existencia.

23, 16 Dos clases de gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira:

23, 17 El alma ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto.

23, 18 El hombre que su propio lecho viola y que dice para sí: «¿Quién me ve?; la oscuridad me envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el Altísimo no se acordará de mis pecados»,

23, 19 lo que teme son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran los rincones más ocultos.

23, 20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía lo son después de acabadas.

23, 21 En las plazas de la ciudad será éste castigado, será apresado donde menos lo esperaba.

La mujer adúltera.

23, 22 Así también la mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero.

23, 23 Primero, ha desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido, tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha dado hijos.

23, 24 Esta será llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará investigación.

23, 25 Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán frutos.

23, 26 Dejará un recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará.

23, 27 Y reconocerán los que queden que nada vale más que el temor del Señor, nada más dulce que atender a los mandatos del Señor.

 

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Discurso de la Sabiduría.

24

24, 1 La sabiduría hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se gloría.

24, 2 En la asamblea del Altísimo abre su boca, delante de su poder se gloría.

24, 3 «Yo salí de la boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra.

24, 4 Yo levanté mi tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube.

24, 5 Sola recorrí la redondez del cielo, y por la hondura de los abismos paseé.

24, 6 Las ondas del mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio.

24, 7 Entre todas estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme.

24, 8 Entonces me dio orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel."

24, 9 Antes de los siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré.

24, 10 En la Tienda Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he afirmado,

24, 11 en la ciudad amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder.

24, 12 He arraigado en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

24, 13 Como cedro me he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte del Hermón.

24, 14 Como palmera me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo olivo en la llanura, como plátano me he elevado.

24, 15 Cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda.

24, 16 Cual terebinto he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de gloria y de gracia.

24, 17 Como la vid he hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza.

24, 18

24, 19 Venid a mí los que me deseáis, y hartaos de mis productos.

24, 20 Que mi recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que panal de miel.

24, 21 Los que me comen quedan aún con hambre de mí, los que me beben sienten todavía sed.

24, 22 Quien me obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se ejercitan, no llegan a pecar.»

La Sabiduría y la Ley.

24, 23 Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés como herencia para las asambleas de Jacob;

24, 24

24, 25 la que inunda de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días de frutos nuevos;

24, 26 la que desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en días de cosecha;

24, 27 la que rebosa doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de vendimia.

24, 28 El primero no ha acabado aún de conocerla, como tampoco el último la ha descubierto aún.

24, 29 Porque es más vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más que el gran abismo.

24, 30 Y yo, como canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale,

24, 31 y dije: «Voy a regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí que mi canal se ha convertido en río, y mi río se ha hecho un mar.

24, 32 Aún haré lucir como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer.

24, 33 Aún derramaré la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos.

24, 34 Ved que no sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan.

 

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Proverbios.

25

25, 1 Con tres cosas me adorno y me presento bella ante el Señor y ante los hombres: concordia entre hermanos, amistad entre prójimos, y marido y mujer bien avenidos.

25, 2 Mas tres clases de gente odia mi alma, y su vida de indignación me llena: pobre altanero, rico mentiroso, y viejo adúltero, falto de inteligencia.

Los ancianos.

25, 3 Si en la juventud no has hecho acopio, ¿cómo vas a encontrar en tu vejez?

25, 4 ¡Qué bien sienta el juicio a las canas, a los ancianos el tener consejo!

25, 5 ¡Qué bien parece la sabiduría en los viejos, la reflexión y el consejo en los ilustres!

25, 6 Corona de los viejos es la mucha experiencia, su orgullo es el temor del Señor.

Proverbio numérico.

25, 7 Nueve cosas que imagino tengo por felices en mi corazón, y una décima la diré con mi lengua: el hombre que recibe de sus hijos contento, que ve, en vida, la caída de sus enemigos.

25, 8 Feliz quien vive con mujer juiciosa, quien no ara con un buey y un asno, quien no se desliza con su lengua, quien no sirve a amo indigno de él;

25, 9 feliz quien ha encontrado la prudencia, y quien la expone a oídos que escuchan.

25, 10 ¡Qué grande el que ha encontrado la sabiduría! Mas no aventaja a quien teme al Señor.

25, 11 El temor del Señor sobresale por encima de todo, el que lo posee, ¿a quién es comparable?

25, 12

Las mujeres.

25, 13 ¡Cualquier herida, pero no herida del corazón! ¡cualquier maldad, pero no maldad de mujer!

25, 14 ¡Cualquier desgracia, pero no desgracia de parte de adversarios! ¡cualquier venganza, pero no venganza de enemigos!

25, 15 No hay veneno como veneno de serpiente, ni furia como furia de enemigo.

25, 16 Prefiero convivir con león o dragón a convivir con mujer mala.

25, 17 La maldad de la mujer desfigura su semblante, oscurece su rostro como un oso.

25, 18 En medio de sus vecinos se sienta su marido, y sin poder contenerse suspira amargamente.

25, 19 Toda malicia es poca junto a la malicia de mujer, ¡que la suerte del pecador caiga sobre ella!

25, 20 Cuesta arenosa bajo los pies de un viejo, así es la mujer habladora para un marido pacífico.

25, 21 No te dejes llevar por belleza de mujer, por mujer no te apasiones.

25, 22 Blanco de ira, de deshonra y gran vergüenza, eso es la mujer que mantiene a su marido.

25, 23 Corazón abatido, rostro sombrío, herida del corazón eso es la mujer mala. Manos caídas y rodillas paralizadas, eso es la que no hace feliz a su marido.

25, 24 Por la mujer fue el comienzo del pecado, y por causa de ella morimos todos.

25, 25 No des salida al agua, ni a mujer mala libertad de hablar.

25, 26 Si no camina como marca tu mano, de tu carne córtala.

 

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.

26

26, 1 Feliz el marido de mujer buena, el número de sus días se duplicará.

26, 2 Mujer varonil da contento a su marido, que acaba en paz la suma de sus años.

26, 3 Mujer buena es buena herencia, asignada a los que temen al Señor:

26, 4 sea rico o pobre, su corazón es feliz, en todo tiempo alegre su semblante.

26, 5 Tres cosas hay que teme mi corazón, y una cuarta me espanta: desunión de ciudad, motín de plebe, y falsa acusación: todo ello más penoso que la muerte;

26, 6 pero dolor de corazón y duelo es una mujer celosa de otra, látigo de lengua que con todos se enzarza.

26, 7 Yugo mal sujeto es la mujer mala, tratar de dominarla es como agarrar un escorpión.

26, 8 Blanco de gran ira es la mujer bebedora, no podrá ocultar su ignominia.

26, 9 La lujuria de la mujer se ve en la procacidad de sus ojos, en sus párpados se reconoce.

26, 10 Sobre hija desenvuelta refuerza la guardia, no sea que, si ve descuido, se aproveche.

26, 11 Guárdate de ir tras ojos descarados, no te extrañes si te llevan al mal.

26, 12 Cual caminante sediento abre ella la boca, y de toda agua que se topa bebe; ante toda clavija de tienda, impúdica, se sienta, y a toda flecha abre su aljaba.

26, 13 La gracia de la mujer recrea a su marido, y su ciencia reconforta sus huesos.

26, 14 Un don del Señor la mujer silenciosa, no tiene precio la bien educada.

26, 15 Gracia de gracias la mujer pudorosa, no hay medida para pesar a la dueña de sí misma.

26, 16 Sol que sale por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en orden.

26, 17 Lámpara que brilla en sagrado candelero es la hermosura de un rostro sobre un cuerpo esbelto.

26, 18 Columnas de oro sobre basas de plata, las bellas pierras sobre talones firmes.

26, 19

26, 20

26, 21

26, 22

26, 23

26, 24

26, 25

26, 26

26, 27

Cosas que entristecen.

26, 28 Dos cosas entristecen mi corazón y la tercera me produce mal humor: el guerrero que desfallece de indigencia, los inteligentes cuando son menospreciados, y el que de la justicia al pecado reincide: el Señor le destina a la espada.

El negocio.

26, 29 Difícilmente se libra de falta el negociante, el comerciante no quedará limpio de pecado.

 

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27

27, 1 Por amor a la ganancia han pecado muchos, el que trata de enriquecerse desvía la mirada.

27, 2 Entre dos piedras juntas se planta una estaca, y entre venta y compra se introduce el pecado.

27, 3 Quien no se aferra enseguida al temor del Señor, pronto verá derruida su casa.

La palabra.

27, 4 Cuando la criba se sacude, quedan los desechos; así en su reflexión se ven las vilezas del hombre.

27, 5 El horno prueba las vasijas de alfarero, la prueba del hombre está en su razonamiento.

27, 6 El fruto manifiesta el cultivo del árbol; así la palabra, el del pensamiento del corazón humano.

27, 7 Antes que se pronuncie no elogies a nadie, que esa es la prueba de los hombres.

La justicia.

27, 8 Si persigues la justicia, la alcanzarás, y la revestirás como túnica de gloria.

27, 9 Los pájaros van a posarse donde sus semejantes, la verdad vuelve a quienes la practican.

27, 10 El león acecha a su presa, así el pecado a los que practican la injusticia.

27, 11 La conversación del piadoso es siempre sabiduría, mas el insensato cambia como la luna.

27, 12 En medio de imbéciles aguarda tu momento, entre los que piensan demórate.

27, 13 La conversación de los necios es algo irritante, su risa estalla en la molicie del pecado.

27, 14 El hablar del jurador eriza los cabellos, ante sus disputas se tapan los oídos.

27, 15 Disputa de orgullosos trae efusión de sangre, sus injurias son penosas de oír.

Los secretos.

27, 16 Quien revela los secretos, pierde el crédito, no encontrará jamás amigo íntimo.

27, 17 Ama a tu amigo y confíate a él, mas si revelas sus secretos, deja de ir tras él;

27, 18 porque como el que mata elimina a su víctima, así has destruido la amistad de tu compañero.

27, 19 Como a pájaro que soltaste de tu mano, así has perdido a tu compañero y no lo recobrarás.

27, 20 No vayas en su busca, porque se fue lejos, huyó como gacela de la red.

27, 21 Que la herida puede ser vendada, y para la injuria hay reconciliación, pero el que reveló el secreto, perdió toda esperanza.

Hipocresía.

27, 22 Quien guiña el ojo, anda urdiendo el mal, nadie podrá apartarle de él.

27, 23 Ante tus ojos pone dulce su boca, y por tus palabras muestra admiración; mas después cambia de lenguaje, y con tus palabras anda dando escándalo.

27, 24 Muchas cosas detesto, mas nada como a éste, y también el Señor le detesta.

27, 25 Quien tira una piedra al aire, sobre su propia cabeza la tira, el golpe a traición devuelve heridas.

27, 26 Quien cava una fosa, caerá en ella, quien tiende una red, en ella quedará preso.

27, 27 Quien hace el mal, lo verá caer sobre sí sin saber de dónde le viene.

27, 28 Escarnio y ultraje son cosa de orgulloso, mas la venganza como león le acecha.

27, 29 Caerán en la red los que se alegran de la caída de los piadosos, el dolor los consumirá antes de su muerte.

El rencor.

27, 30 Rencor e ira son también abominables, esa es la propiedad del pecador.

 

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28

28, 1 El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados.

28, 2 Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados.

28, 3 Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación?

28, 4 De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados!

28, 5 El, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?

28, 6 Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los mandamientos.

28, 7 Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.

Las riñas.

28, 8 Absténte de disputas y evitarás el pecado, porque el apasionado atiza las disputas.

28, 9 El pecador enzarza a los amigos, entre los que están en paz siembra discordia.

28, 10 Según sea la leña, así arde el fuego, según su violencia, arde la disputa; según la fuerza del hombre es su furor y conforme a su riqueza sube su ira.

28, 11 Riña súbita prende fuego, disputa precipitada vierte sangre.

28, 12 Si soplas una chispa, prenderá, si la escupes, se apagará, y ambas cosas salen de tu boca.

La lengua.

28, 13 Al soplón de lengua doble, maldícele, que ha perdido a muchos que vivían en paz.

28, 14 A muchos sacudió la lengua triple, los dispersó de nación en nación; arrasó ciudades fuertes y derruyó casas de magnates.

28, 15 La lengua triple repudió a mujeres varoniles, las privó del fruto de sus trabajos.

28, 16 El que la atiende no encontrará reposo, ni plantará su tienda en paz.

28, 17 El golpe del látigo produce cardenales, el golpe de la lengua quebranta los huesos.

28, 18 Muchos han caído a filo de espada, mas no tantos como los caídos por la lengua.

28, 19 Feliz el que de ella se resguarda, el que no pasa a través de su furor, el que su yugo no ha cargado, ni ha sido atado con sus coyundas.

28, 20 Porque su yugo es yugo de hierro, y coyundas de bronce sus coyundas.

28, 21 Muerte funesta la muerte que ella da, ¡el seol es preferible a ella!

28, 22 Mas no tiene poder sobre los piadosos, en su llama no se quemarán.

28, 23 Los que abandonan al Señor caerán en ella, en ellos arderá y no se apagará. Como un león se lanzará contra ellos, como una pantera los desgarrará.

28, 24 Mira, cerca tu hacienda con espinos, encierra bien tu plata y tu oro.

28, 25 A tus palabras pon balanza y peso, a tu boca pon puerta y cerrojo.

28, 26 Guárdate bien de resbalar por ella, no sea que caigas ante el que te acecha.

 

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El préstamo.

29

29, 1 Quien hace misericordia, presta al prójimo, quien le apoya con su mano, guarda los mandamientos.

29, 2 Presta a tu prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al prójimo.

29, 3 Mantén tu palabra y ten confianza en él, y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.

29, 4 Muchos consideran el préstamo como una ganga, y a los que les han socorrido causan sinsabores.

29, 5 Hasta que no recibe, besa las manos de su prójimo, y ante su dinero humilla la voz; pero al tiempo de la restitución da largas, responde con palabras negligentes y echa la culpa a las circustancias.

29, 6 Si puede, el otro recibirá apenas la mitad, y aun lo tendrá como una ganga. Si no, se quedará sin su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un enemigo, que le devolverá maldiciones e injurias y le dará, en vez de gloria, vilipendio.

29, 7 Muchos, sin malicia, vuelven las espaldas, pues temen ser despojados sin necesidad.

La limosna.

29, 8 Pero con el humilde muéstrate paciente, y a tu limosna no des largas.

29, 9 En atención al mandamiento, acoge al indigente, según su necesidad no le despidas vacío.

29, 10 Gasta dinero por el hermano y el amigo, que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas.

29, 11 Coloca tu tesoro según los mandamientos del Altísimo, y te dará provecho más que el oro.

29, 12 Encierra la limosna en tus graneros, ella te preservará de todo mal.

29, 13 Mejor que recio escudo y que pesada lanza frente al enemigo combatirá por ti.

Las garantías.

29, 14 El hombre bueno sale fiador de su prójimo, el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.

29, 15 No olvides los favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti.

29, 16 El pecador dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al que le ha salvado.

29, 17 La fianza perdió a muchos que iban bien, los sacudió como ola del mar.

29, 18 Echó de su patria a hombres poderosos, que anduvieron errando por naciones extrañas.

29, 19 Pecador que se presta a la fianza buscando especular, incurre en juicio.

29, 20 Acoge al prójimo según tus recursos, y cuida de no caer tú mismo.

La hospitalidad.

29, 21 Lo primero para vivir es agua, pan, vestido, y casa para abrigarse.

29, 22 Más vale vida de pobre bajo techo de tablas que comida suntuosa en casa de extraños.

29, 23 En lo poco y en lo mucho ten buena cara, y no escucharás reproches de tu huésped.

29, 24 Triste vida andar de casa en casa: donde te hospedes no podrás abrir la boca.

29, 25 Hospedarás y darás de beber a desagradecidos, y encima tendrás que oír cosas amargas:

29, 26 «Pasa, huésped, adereza la mesa, si tienes algo a mano, dame de comer.»

29, 27 - «Vete, huésped, cede el puesto a uno más digno, viene a hospedarse mi hermano, necesito la casa.»

29, 28 Duro es para un hombre de sentimiento tal desprecio de la casa, tal insulto propio para un deudor.

 

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La educación.

30

30, 1 El que ama a su hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro.

30, 2 El que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará.

30, 3 El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.

30, 4 Murió su padre, y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él.

30, 5 En su vida le mira con contento, y a su muerte no se siente triste.

30, 6 Contra sus enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores.

30, 7 El que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.

30, 8 Caballo no domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.

30, 9 Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.

30, 10 No rías con él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.

30, 11 No le des libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.

30, 12 Doblega su cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.

30, 13 Enseña a tu hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.

La salud.

30, 14 Vale más pobre sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo.

30, 15 Salud y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna.

30, 16 Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón.

30, 17 Mejor es la muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente.

30, 18 Manjares derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.

30, 19 ¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien persigue el Señor,

30, 20 que mira con sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.

La alegría.

30, 21 No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.

30, 22 La alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus días.

30, 23 Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió a muchos, y no hay en ella utilidad.

30, 24 Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.

30, 25 Un corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.

 

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Las riquezas.

31

31, 1 El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.

31, 2 Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.

31, 3 Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.

31, 4 Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.

31, 5 El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.

31, 6 Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.

31, 7 Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.

31, 8 Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.

31, 9 ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.

31, 10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?

31, 11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.

Los banquetes.

31, 12 ¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»

31, 13 Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.

31, 14 Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él.

31, 15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.

31, 16 Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso.

31, 17 Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.

31, 18 Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.

31, 19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella.

31, 20 A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.

31, 21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.

31, 22 Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.

31, 23 Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme.

31, 24 Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.

El vino.

31, 25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.

31, 26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.

31, 27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?

31, 28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.

31, 29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.

31, 30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.

31, 31 En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.

 

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Los banquetes.

32

32, 1 ¿Te han nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas.

32, 2 Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona.

32, 3 Habla, anciano, que te está bien, pero con discreción y sin estorbar la música.

32, 4 Durante la audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a destiempo.

32, 5 Sello de carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de un banquete.

32, 6 Sello de esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino delicioso.

32, 7 Habla, joven, si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta.

32, 8 Resume tu discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.

32, 9 Entre grandes no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en hablar.

32, 10 Al trueno se adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la gracia.

32, 11 Llegada la hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.

32, 12 Allí, diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras insolentes.

32, 13 Y por todo esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes.

El temor de Dios.

32, 14 El que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor.

32, 15 El que busca la ley se llena de ella, al hipócrita le sirve de tropiezo.

32, 16 Los que temen al Señor son justificados, hacen brillar sus buenas acciones como luz.

32, 17 El pecador rehúye la reprensión, según su voluntad encuentra excusa.

32, 18 El varón de consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se encogen de miedo.

32, 19 Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones.

32, 20 Por caminos escabrosos no vayas, y no tropezarás en piedras.

32, 21 No te confies en camino inexplorado,

32, 22 y de tus hijos guárdate.

32, 23 En todos tus actos vela sobre ti, que esto es también guardar los mandamientos.

32, 24 El que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza en el Señor no sufre daño.

 

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33

33, 1 Al que teme al Señor ningún mal le sucede, aunque sufra una prueba, se verá librado.

33, 2 El varón sabio no aborrece la ley, mas el que finge observarla es como nave en borrasca.

33, 3 El hombre inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como un oráculo.

33, 4 Prepara tu discurso, y serás así escuchado, concentra tu saber y responde.

33, 5 Rueda de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.

33, 6 Caballo de remonta, así el amigo burlón, bajo todo el que lo monta relincha.

Desigualdad de condición.

33, 7 ¿Por qué un día es superior a otro, si toda la luz de cada día del año viene del sol?

33, 8 En la mente del Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y fiestas.

33, 9 A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.

33, 10 Así todos los hombres vienen del suelo, de la tierra fue creado Adán.

33, 11 Con su gran sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos.

33, 12 A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto.

33, 13 Como la arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad -, así los hombres en la mano de su Hacedor, que a cada uno da según su juicio.

33, 14 Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida. Así frente al piadoso, el pecador.

33, 15 Fíjate, pues, en todas las obras del Altísimo, dos a dos, una frente a otra.

33, 16 También yo, el último, me he desvelado, como quien racima tras de los viñadores.

33, 17 Por la bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar.

33, 18 Mirad que no para mí solo me he afanado, sino para todos los que buscan la instrucción.

33, 19 Escuchadme, grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído.

Independencia.

33, 20 A hijo y mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti en vida tuya. No des a otros tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.

33, 21 Mientras vivas y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie.

33, 22 Pues es mejor que tus hijos te pidan, que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos.

33, 23 En todas tus obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria.

33, 24 Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.

Los esclavos.

33, 25 Al asno, forraje, palo y carga, al criado, pan, instrucción y trabajo.

33, 26 Haz trabajar al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la libertad.

33, 27 Yugo y riendas doblegan la cerviz, al mal criado torturas e inquisiciones.

33, 28 Mándale trabajar para que no esté ocioso, que mucho mal enseñó la ociosidad.

33, 29 Ponle trabajo como le corresponde, si no obedece, carga sus pies de grillos.

33, 30 Pero no te sobrepases con nadie, no hagas nada sin equidad.

33, 31 Si tienes un criado, sea como tú, porque con sangre lo adquiriste.

33, 32 Si tienes un criado, trátale como hermano, porque has menester de él como de ti mismo.

33, 33 Si le maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?

 

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Los sueños.

34

34, 1 Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.

34, 2 Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.

34, 3 Espejo y sueño son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro.

34, 4 De los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir?

34, 5 Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en parto.

34, 6 A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.

34, 7 Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban.

34, 8 Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección.

Los viajes.

34, 9 Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.

34, 10 Quien no ha pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza.

34, 11 Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi inteligencia.

34, 12 Bien de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.

34, 13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que los salva.

34, 14 Quien teme